Un palacio de novela | Patrimonio Cultural. Generalitat de Cataluña.

Historias

Un palacio de novela

Abrimos las puertas del Palau Moja

La Barcelona de los carruajes y los abanicos

El salón principal del Palau Moja fue escenario de los mejores bailes de la ciudad, organizados por los personajes más ilustres de la Barcelona de finales del siglo XVIII.
 
El palacio se encuentra justo en el cruce de la calle Portaferrissa con la Rambla.
Traspasar sus puertas supone entrar en un escenario casi de novela, de aquellos tiempos en los que las damas barcelonesas llevaban guantes y sombrilla.
 
Jacint Verdaguer lo habitó durante más de diez años, y a lo largo de su historia el palacio albergó también a otros visitantes ilustres: san Joan Bosco y algunos Borbones, como Alfonso XII.
 
Actualmente el palacio es la sede de la Dirección General y de la Agencia Catalana del Patrimonio Cultural del Departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña.
 
El cliqueteo de los ordenadores ha sustituido a los valses, pero no del todo...
Salón del Vigatà (Albert Sierra)

La construcción

El palacio junto a la riera

El edificio del Palau Moja fue proyectado por el arquitecto Josep Mas i Dordal que, con la colaboración de un amplio equipo de artistas y artesanos, realizó una obra excelente.

El marqués de Cartellà, Pere Desbach, realizó las primeras gestiones para la construcción del Palau Moja en 1763, pero fue su nieta, Maria Lluïsa Descatllar, quien empezó las obras en 1774 con el derribo de parte de sus propiedades: el sector de la antigua muralla de la Rambla que comprendía la puerta Ferrissa y las dos torres que la flanqueaban.

Sesenta años después de la derrota de 1714, Barcelona había recuperado su pulso económico y, de hecho, vivía uno de sus mejores momentos, la Rambla dejaba de ser una riera de mala reputación para transformarse progresivamente en un auténtico paseo barroco. Ahí se establecieron órdenes religiosas como los jesuitas, con la iglesia de Belén, y los grandes señores, vencedores de la guerra, construían sus palacios.

Exterior del Palau Moja (Albert Sierra)

Además de los Cartellà, grandes partidarios de los Borbones, el poderoso virrey del Perú empezaba a construir el suyo un poco más abajo y los March de Reus, comerciantes enriquecidos, intentaban entrar en la nobleza, no por la sangre o la guerra, sino por el dinero, y construyeron otra gran residencia en la parte más baja de la Rambla. Sin embargo, la fachada principal del Palau Moja no está encarada a la Rambla, la vía en expansión, sino hacia la calle de Portaferrissa, una vía, cargada de tradición y otras residencias nobiliarias, que llevaba hasta el centro de la ciudad.

Si observan esta fachada, verán que la puerta principal presenta unas proporciones extrañamente cuadradas. ¿El motivo? Permitir la entrada de los voluminosos carruajes de la época al interior del patio desde una calle tan estrecha como esa.


Galería de personajes

La familia Moja

Maria Lluïsa Descatllar, iniciadora de las obras del palacio, se casó con Josep de Copons, marqués de Moja.
En 1785 los marqueses de Moja se instalaron en el piso principal del palacio.

El edificio sería propiedad de la familia hasta 1865, cuando la última marquesa de Moja, Josepa de Sarriera i Copons, murió sin descendencia, pero dejó en su testamento una cláusula importante: quien comprara el palacio debía comprometerse a mantenerlo sin grandes modificaciones y a preservar las pinturas del salón del Vigatà.

Sus herederos alquilaron el palacio a Fomento de la Producción Nacional, hasta que en 1870 lo compró Antonio López i López, futuro marqués de Comillas, que se instaló en él en 1875.


Busto de Antonio López López, marqués de Comillas, en el Palau Moja (Galo Bertran)

El polémico naviero

Empresario destacado de la época, el marqués de Comillas se había enriquecido comerciando con Cuba, con el monopolio del transporte marítimo de soldados y parece que también con el tráfico ilegal de esclavos, cuando esta práctica ya estaba prohibida. La estatua que tenía en la plaza de su mismo nombre, en 2018, fue retirada por este motivo por el Ayuntamiento de Barcelona y ahora se conserva en los almacenes del Museo de Historia de la Ciudad.

Durante su estancia en el palacio, el edificio conoció diferentes renovaciones, en la escalera principal y en diferentes salas de la planta noble, y alcanzó su máximo esplendor social gracias a los contactos del popular marqués que también era un ferviente partidario de la monarquía.

El 9 de enero de 1875, las puertas de la calle Portaferrissa se abrieron para recibir al joven Alfonso XII que subió a caballo desde el puerto hasta el palacio, con una barretina en la mano, para hacerse cargo de la corona española en la restauración borbónica.

Mosén Jacint Verdaguer se instaló en el palacio en 1876, donde vivió quince años, primero como sacerdote de la familia y desde 1883 como limosnero, lo que le permitió frecuentar los ambientes sociales más elevados y al mismo tiempo los más miserables. La producción literaria más importante de «Mossèn Cinto» está muy vinculada a su vida en el Palau Moja.

Detalles de la capilla del Palau Moja (Eva Margalef)

El conde Güell

Tras la muerte del marqués de Comillas, el palacio pasó a manos de su hija, que estaba casada con Eusebi Güell, el conocido conde, mecenas de Gaudí.
 
El siglo XX

En 1934, a raíz de un convenio del conde Güell con el Ayuntamiento de Barcelona, se abrieron los porches de la planta baja del palacio para facilitar el paso por la Rambla.

Después de un incendio, en 1971, el palacio quedó abandonado durante once años hasta que el Departamento de Cultura y Medios de Comunicación de la Generalitat de Cataluña lo adquirió y lo restauró.


Busto de Eusebi Güell en el Palau Moja (Galo Bertran)

Desde fuera

Un palacio neoclásico

Mirado desde la Rambla, el Palau Moja es una construcción sobria, de líneas rectas y sin demasiada decoración escultórica.
El arquitecto Josep Mas i Dordal, influido por las nuevas tendencias estéticas procedentes de Francia, ideó un palacio neoclásico, aunque los plafones entre balcones de sus muros, que ahora vemos prácticamente desnudos, estaban todavía decorados con pinturas alegóricas de estilo barroco de Francesc Pla, el Vigatà, el mismo autor de las pinturas del gran salón. En la fachada de Portaferrissa se pueden ver los restos de las figuras principales recuperadas en la restauración del palacio.

La fachada norte daba a un gran jardín situado a nivel de la planta noble. Al fondo de este jardín, el arquitecto Rovira i Trias construyó en 1856 una logia de terracota con grandes columnas corintias.

Dentro: empieza la novela

La escalera noble

No se ve desde el exterior porque arranca del vestíbulo del patio, pero no hay duda de que vale la pena subirla. Un perro la guarda en el primer rellano y un espectacular atlante aguanta con sus manos la lámpara principal. Este ámbito fue totalmente reformado por el marqués de Comillas con esta escultura, una nueva escalera con barandas de mármol, y pinturas románticas de Eduard Masdeu i Llorens en los muros y el techo.
 
El gran salón

Sin duda la estancia más espectacular del palacio. Con tres pisos de altura, planta cuadrada y grandes ventanales sobre la Rambla, el salón es el escenario perfecto de nuestra novela imaginaria.


Entrada al Palau Moja por a escalera noble (Eva Margalef)

Todas las paredes y el techo de la estancia están recubiertas de pinturas murales obra de Francesc Pla, el Vigatà: escenas que acreditan la larga historia del linaje de los Cartellà y sus hechos de armas, que las leyendas remontan hasta hace mil años con la toma de Girona por Carlomagno, en la que el emperador los nombró nobles, los primeros de Cataluña. Teniendo en cuenta que en el mismo momento en que se construía el palacio en la Rambla, el virrey del Perú se estaba construyendo el suyo y March, un nuevo rico de Reus, intentaba entrar en la nobleza, se puede entender un poco la intención de la decoración del gran salón y la potente reivindicación de su estatus social.
 
La capilla de Mossèn Cinto

A un lado del salón central se encuentra la capilla, de pequeñas dimensiones, cubierta con una cúpula sobre pechinas y lunetas, decorada también por el Vigatà con una escena de la Virgen de la Merced.


Entrada de la capilla (Eva Margalef)

Perfecto, pero ¿todo esto quién lo limpia?

¿Conocéis la historia de vuestra familia? Seguramente no tan bien como los Cartellà, pero remontaos hacia atrás unos doscientos años... ¿Eran nobles vuestros antepasados? ¿O una de las familias más ricas de Cataluña? ¿No? Pues si hubierais nacido hace doscientos años el salón del Vigatà no lo habríais visto ni en pintura, y perdonad el chiste.

Si vuestra familia tratara con ropa de indianas, o fuerais carpinteros, o pintores, no entraríais por la puerta grande del palacio, ni subiríais por la escalera de honor, sino que lo haríais por una puerta pequeña y subiríais hasta el segundo piso donde vivía el servicio de la familia, un nutrido grupo de niños, gente joven y gente mayor, que hacían de cocineras, limpiadoras, mozos de establo (en las caballerizas, pasado el patio, había caballos, cerdos y vacas), y que estaban siempre trabajando. Un curioso documento de 1790, un inventario, nos describe una por una todas las estancias del palacio y los bienes que en él se encontraban. En la planta noble como ya os podéis imaginar: piezas y piezas de ropa de lujo, cortinas, mesitas decoradas, chocolateras para las fiestas, relojes, cuadros...


Reloj en la planta noble (Galo Bertran)

¿Pero y en la segunda planta? Pues más o menos lo mismo que podríais encontrar en una masía del siglo XVIII: sillas de enea, cajoneras, camas para dormir, cunas, grabados con escenas del Quijote, un reclinatorio para rezar de rodillas, grandes maletas para los viajes de los señores, mosquiteras para las camas o para las cunas, ropa, ropa y más ropa...

¿Y en la tercera planta? Judías, almendras, tocino, butifarras, pasas e higos, confituras y una gran caja con los delantales y los trapos blancos que se empleaban para la matanza del cerdo.

Imaginad la escena, en la planta noble, la señora del palacio preparando con los sirvientes principales la gran fiesta de la semana siguiente; abajo, en las caballerizas, dos hombretones matando un cerdo que no para de chillar, una chica de 14 años muñendo una vaca mientras intenta espantar el enjambre de moscas que rodea al animal, y en la segunda planta un hombre arrastrando sobre un tendal un gran saco de cacao, porque ya es demasiado mayor para cargarlo a sus espaldas... La vida del Palau Moja.


Detalles (Galo Bertran)

Visitar el palacio

Si queréis visitar el palacio en persona, podéis aprovechar las Jornadas Europeas del Patrimonio, en octubre, cuando se hacen visitas guiadas. 

Y si no tenéis paciencia para esperar o estáis lejos de Barcelona, podéis visitar virtualmente el palacio de dos maneras: mediante visita virtual guiada o visita virtual libre.

Haz clic en el botón de reproducción (▶️) y selecciona los puntos que encontrarás a lo largo del recorrido, conocerás todos los detalles del palacio y su historia.