Fin de semana románico: del Montseny a la Garrotxa | Patrimonio Cultural. Generalitat de Cataluña.

Escapadas


 
1. Catedral de Girona (Autor: Josep Giribet)
2. Sant Pere de Galligants (Autor: Josep Play)
3. Banys Àrabs (Autor: Bob Masters)
4. Pont de Besalú (Autor: Bob Masters)

Mapa

Fin de semana románico: del Montseny a la Garrotxa

Adéntrate en el arte y la naturaleza gerundense
Girona
El arte románico de la Girona interior se encuentra en medio de grandes zonas verdes: entre el Montseny y el Montnegre descubrimos el monasterio de Sant Salvador, en torno al cual creció la villa de Breda. De sus detalles románicos destaca el campanario del siglo XI.

Ya en Santa Coloma de Farners, te recomendamos hacer una parada en la iglesia de Sant Pere Cercada. Y también merecen una visita el castillo románico de Farners y las emblemáticas montañas de los alrededores: el Turó del Vent, el Turó de Farners y les Roqueteres.

GIRONA MEDIEVAL

Del sabor medieval de Girona te darás cuenta de inmediato. La Catedral, de estilo gótico, todavía mantiene vestigios románicos como la torre de Carlomagno y el claustro. Y también acoge dos de los objetos artísticos del románico más significativos: el Tapiz de la Creación y el Beatus de Girona.

En el monasterio de Sant Pere de Galligants, además de poder contemplar todos los elementos definitorios del románico, podremos visitar la sede gerundense del Museo de Arqueología de Cataluña. Antes de salir de la ciudad hay que pasar por sus célebres Baños Árabes, un recinto románico inspirado en las instalaciones utilizadas por los musulmanes, o dar un paseo por la Devesa, el parque urbano más grande de Cataluña.

PATRIMONIO ENTRE VOLCANES

La primera fundación monástica benedictina en nuestro país tuvo lugar en Banyoles. El monasterio de Sant Esteve es el legado, donde actualmente predomina el neoclásico sobre sus orígenes románicos.

Besalú es el pueblo medieval por excelencia; es imposible irse sin pasar primero por el más emblemático de sus monumentos: el Puente Viejo sobre el río Fluvià.

El último tramo de la ruta transcurre por una tierra áspera, quebrada y de mal andar: esto significa Garrotxa. Pero la belleza natural de esta comarca y su riqueza patrimonial compensan cualquier fatiga. En los alrededores de Olot, los volcanes y la vida vegetal nos regalan la Fageda d’en Jordà... y la única ermita situada dentro de un cráter: la de Santa Margarida.


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