El poder de los monjes de la Orden de los Cartujos, instalados en Escaladei desde el siglo XII, fue tan importante que llegó a bautizar toda una comarca: El Priorat. De su antiguo esplendor sólo se conservan las ruinas de la Cartuja de Santa Maria de Escaladei, la primera de todas las que más tarde se levantaron por toda la Península Ibérica.
El monasterio de Escaladei se funda en 1163 a petición del rey Alfons I el Casto, con la intención de colonizar y cristianizar la Cataluña Nueva a los musulmanes. El lugar elegido es el valle de Oliver, a los pies de la sierra del Montsant, donde dice la leyenda que un pastor soñó unos ángeles subiendo al cielo por una escalera: Escaladei, la escalera hacia Dios.
Sobre el suelo rocoso de la zona se extienden cultivos de vid y aceite, dos elementos que supondrán la dinamización comercial de toda la comarca. Su momento de máximo esplendor se inicia en el siglo XVI, cuando es uno de los focos de entrada del Renacimiento en Cataluña, y se extiende hasta el siglo XVIII, en estos tres siglos el conjunto monástico es ampliado hasta su configuración definitiva.
Actualmente, del antiguo conjunto cartujano de Escaladei se conservan las estructuras, ahora como una ruina romántica. La visita permite hacer un recorrido exterior por los 3 claustros (uno de ellos reconstruido), la iglesia, el refectorio y una celda reconstruida. Son los restos de los 600 años de historia de uno de los monasterios medievales y modernos más importantes de Cataluña.
El MNAC se encuentra ubicado en el Palacio Nacional de Montjuïc, construido para la Exposición Internacional de 1929. En 1934 abrió las puertas reuniendo la colección medieval, que poco a poco se fue ampliando con otros periodos. Entre las obras más emblemáticas destacan las magníficas pinturas del ábside de Sant Climent y Santa Maria de Taüll.
Otras piezas de primer orden son las pinturas murales de Santa Maria d’Àneu y Sant Quirze de Pedret, la Majestat Batlló o el Frontal de altar de Avià, pertenecientes al arte románico. Del periodo gótico destacan obras maestras de los pintores Jaume Huguet, Lluís Dalmau, Bernat Martorell y Lluís Borrassà, entre otros.
El arte moderno también tiene un lugar destacado y más desde el año 2014, cuando se renovaron las colecciones, las salas y la museografía de esta cronología. La vicaría, de Marià Fortuny, es una de las obras estrella, seguida de piezas de los artistas más representativos del Modernismo, como Gaudí o Casas, y de los de las vanguardias, como Picasso o Miró.
Grandes pintores europeos del Renacimiento y el Barroco como, por ejemplo, Tiziano o Velázquez, y la colección de fotografía completan el fondo.
Eusebi Güell, fiel defensor de la obra de Antonio Gaudí, en 1898 le encargó una iglesia para la colonia textil que había construido en Santa Coloma de Cervelló, cerca de Barcelona.
Su construcción no comenzó hasta 1908, diez años después del encargo. Además, Gaudí abandonó la obra en 1914 y los trabajos se suspendieron definitivamente en 1916, cuando sólo se había construido la cripta.
Pero para Antoni Gaudí, tanto el proyecto como la construcción de la cripta de la colonia Güell fueron un laboratorio de ensayo, donde experimentó soluciones arquitectónicas y nuevas técnicas estructurales que luego utilizó en la Sagrada Família. Realizó atrevidas probaturas, utilizando el ladrillo y la piedra para la construcción de estructuras arquitectónicas llevadas a sus límites, como los arcos parabólicos o las columnas y paramentos inclinados.
Ubicada en el barrio barcelonés de Gracia, la Casa Vicens fue el primer trabajo importante del arquitecto Antoni Gaudí. La vivienda es uno de los siete edificios del genial arquitecto declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005.
Construida entre los años 1883 y 1888, la casa presenta diferentes volúmenes separados por ángulos escalonados, en un concepto opuesto al de La Pedrera en la que predominan las líneas onduladas. La construcción desprende un toque oriental y mudéjar, de moda en la época, con la fachada cubierta de azulejos verdes y blancos. Una clara alusión a Manuel Vicens i Montaner, corredor de cambio y bolsa y el hombre que confió en Gaudí para diseñar su futura vivienda. Para la decoración, Gaudí se inspiró en las plantas que crecían en el jardín de la finca, utilizando la naturaleza por primera como inspiración para la arquitectura.
En el interior sigue predominando el estilo mudéjar, que se manifiesta especialmente en la habitación llamada "fumador". Los techos, ornamentaciones en forma de plantas y flores multicolores completan un conjunto exótico y sorprendente que hizo furor entre la élite barcelonesa de la época.
En 1885, Eusebi Güell encargó a Antoni Gaudí su residencia en el centro de Barcelona, concretamente en la calle Nou de la Rambla. Gaudí concibió un edificio solemne y ostentoso, y empleó materiales ricos y costosos, como mármoles o maderas nobles. La sobriedad de la fachada, probablemente debida a su emplazamiento en un solar pequeño de una calle estrecha, contrasta con la fastuosidad de su interior. Unos arcos parabólicos en la fachada, ornamentados con rejas de hierro forjado, dan acceso a una entrada amplia, que permitía el ingreso de caballos y de carruajes.
El edificio se articula a través de un salón central cubierto por una magnífica cúpula que sobrepasa la altura de la azotea y que, a través de perforaciones en forma de estrella, permite la entrada de luz solar. El salón, con una capilla adosada, está ricamente decorado con columnas, vidrieras y rejas, y distribuye el resto de estancias, todas ellas con vidrieras y mobiliario ornamentado. El palacio también dispone de unos amplios establos en el sótano, una prestación que pocas casas tenían.
También es innovador el uso de chimeneas situadas en la azotea del edificio, elementos muy presentes en la imaginativa decoración de Gaudí. Es precisamente en estas chimeneas donde el arquitecto utilizó por primera vez uno de los recursos decorativos que más le han caracterizado: el trencadís.
La Casa Milà es uno de los edificios más singulares de Antoni Gaudí. Situada en pleno paseo de Gràcia de Barcelona, rompe con la fisonomía de la avenida. Se trata de un edificio construido en torno a dos patios interiores con sótano, planta baja, principal, 4 pisos, buhardilla y azotea. Gaudí resuelve la estructura del edificio a base de pilares de piedra, ladrillo y hierro y se sirve principalmente delarco catenario y del parabólico.
Generó mucha controversia durante su construcción, a principios de 1900. Los barceloneses la bautizaron con el apodo de La Pedrera, refiriéndose al tipo de piedra, blanco cremoso, que provenía de las canteras del Garraf y Vilafranca del Penedès.
Muchos también la describen como un gran barco que remonta el paseo de Gràcia. Y es que su fachada se caracteriza por las continuas ondulaciones y aberturas de la piedra para facilitar la iluminación y la ventilación del interior.
El edificio disponía de 20 viviendas que se alquilaron a familias acomodadas de la época. El matrimonio Milà, propietario de la finca, se instaló en la planta noble. La Pedrera, sin embargo, no es un edificio residencial convencional. El objetivo de Gaudí era crear viviendas en movimiento, en que cada una pudiera tener su propia distribución según las necesidades de cada inquilino.
Corona el edificio la azotea, rematada con el conjunto de 7 chimeneas, recubiertas de cal, trencadís blanco y vidrio. Escenifican las cabezas de 7 guerreros mitológicos que desde este paisaje casi irreal vigilan la ciudad.
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Con un estilo original, fantástico y lleno de imaginación, la Casa Batlló es una de las obras más representativas del arquitecto Antoni Gaudí. Situada en el Paseo de Gràcia de Barcelona e inspirada en la naturaleza, es un prodigio de diseño ornamental y una obra maestra de forma, color y luz. Por todo ello, fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.
Sin duda, la fachada es el elemento arquitectónico más singular de la Casa Batlló; la combinación de piedra, hierro forjado, trencadís de vidrio y cerámica policromada la convierten en una de las más creativas y originales diseñadas por el arquitecto.
En la parte superior, el tejado tiene forma de lomo de animal con unas grandes escamas tornasoladas. Coronan el conjunto piezas esféricas de grandes dimensiones que parecen crestas y hacen pensar en la figura de un dragón o un animal fantástico similar. Otro elemento destacado de la fachada es la torre coronada por una cruz de cuatro brazos, así como el diseño de temas acuáticos que decora los muros. Los balcones en forma de antifaz y la galería del piso principal simulando huesos son dos atractivos más del edificio.
En el interior destacan, entre otros elementos, el techo del salón principal, los conjuntos de chimeneas de la azotea, la escalera principal y los arcos parabólicos de la buhardilla, que crean espacios diáfanos y ventilados adelantados a su época.
Tarragona y su entorno conservan vestigios de primer orden de la huella romana en la península ibérica. El conjunto arqueológico de Tarraco fue declarado Patrimonio Mundial el año 2000: el desarrollo urbanístico de la ciudad, así como la densidad y la calidad de los restos, lo convierten en un bien universal e incomparable.
El conjunto arqueológico incluye varios monumentos del siglo III a. C. hasta el VI d. C., que se encuentran en muy buen estado de conservación. Todos ellos son característicos de una capital de provincia como fue la antigua Tarraco. Destacan las murallas como construcción más antigua de la ciudad y ejemplo de ingeniería militar. Del foro, la gran plaza donde se concentraba buena parte de la vida pública, se conserva un tramo del porticado de la basílica y parte de una calle; el resto del conjunto estaría aún bajo la trama de edificaciones modernas existentes.
Elteatro se levantó en un área fuera de la muralla muy cercana al foro aprovechando la pendiente del terreno, como era habitual. Se conservan de forma parcial los tres elementos estructurales que definen un teatro romano: cavea (o grada), orchestra y scaena. En el circo, el espacio donde se disputaban las carreras de carros, se puede apreciar actualmente gran parte de las bóvedas y algunos tramos de gradería, restos de la fachada exterior y del podium, así como algunas de las monumentales puertas de acceso al edificio.
Pero sin duda, el anfiteatro es la construcción más icónica de la huella romana en la ciudad, y completa la trilogía de edificios de espectáculos. Presenta la característica arena -donde se desarrollaban los espectáculos, rodeada por la cavea para acomodar el público; los restos visibles actualmente en la arena corresponden a una basílica y a la iglesia románica de Santa Maria del Miracle (s. XII), construidas en el mismo lugar en que sufrieron martirio los santos tarraconenses Fructuoso, Augurio y Eulogio.
En las afueras de la ciudad, cerca del río Francolí, la necrópolis paleocristiana conforma una de las áreas de enterramiento más extensas de Tarraco: cementerio excepcional, está considerado de los más grandes e importantes de todo el occidente del Imperio romano, con más de 2.000 inhumaciones.
En las proximidades de Tarraco encontramos otras construcciones de gran relevancia como por ejemplo el acueducto de Les Ferreres (Puente del Diablo), el arco honorífico de Barà, el mausoleo de Centcelles, la cantera de El Mèdol o lavilla de Els Munts, entre otros.
Fundada como campamento militar por Cneo Cornelio Escipión, Tarraco prosperó tanto gracias a su situación costera como por su emplazamiento en relación a las vías terrestres hacia el interior peninsular. Así pues, la ciudad se convirtió en colonia romana, cabeza de un conventus -demarcación judicial- y capital de la provincia de la Hispania Citerior o Tarraconense.
Pablo Picasso y Barcelona tenían una conexión especial. Vivió en ella durante su infancia y juventud. Por ello, optó por esta ciudad para abrir en 1963 el primer museo Picasso del mundo y el único creado en vida del artista. Su principal patrimonio es la colección más completa de obras de juventud formada por más de 4.000 elementos. Por eso el Museo Picasso de Barcelona se ha convertido en el centro de referencia para conocer la primera etapa artística de Picasso.
La mayoría de las obras que se pueden ver en el museo datan de 1890 a 1917. El recorrido comprende pinturas de la etapa infantil y escolar (Hombre con boina), de la época de formación en Barcelona, Horta de Sant Joan y Madrid (Ciencia y caridad), de su paso por París (El diván), de la época azul (El loco) y de la época rosa (Arlequín).
Entre las pinturas posteriores a 1917, destaca la serie de Las Meninas, del año 1957, un conjunto de 58 pinturas que analizan la obra maestra de Velázquez. También encontramos la colección de grabados y litografías y la de cerámica.
Toda esta muestra de arte vanguardista reposa en el interior de cinco grandes palacios de la calle de Montcada, que datan de los s. XIII-XIV y son una excelente muestra del gótico civil catalán.
En 1900, el empresario Eusebi Güell encargó a Antoni Gaudí la construcción en las afueras de Barcelona de una urbanización para familias acomodadas con sesenta viviendas unifamiliares. A pesar de la modernidad del proyecto, fue un fracaso comercial que obligó a sus promotores a paralizarlo en 1914. En la actualidad es uno de los parques públicos más importantes de Barcelona.
Gaudí experimentó con formas arquitectónicas estrechamente relacionadas con el paisaje y la naturaleza. La parcela escogida, casi sin vegetación, era pedregosa y con acusadas irregularidades en el terreno. Gaudí potenció estas particularidades con la creación de caminos sinuosos o el uso de materiales del lugar, como las propias piedras, para construir espacios cubiertos y porches soportados por columnas inclinadas.
Quizás la parte más espectacular del parque es la doble escalinata con una monumental fuente central en forma de dragón, toda ella cubierta de trencadís de colores (obra de Jujol). La doble escalera conduce a una amplia superficie cubierta que, proyectada como un gran mercado, se sustenta en 86 majestuosas columnas de estilo dórico. El techo está ornamentado por coloristas medallones. Por encima de este espacio se ubica una gran plaza, delimitada por un largo banco que dibuja una original trayectoria serpenteante.
En la casa que se construyó como muestra de las viviendas de la futura urbanización, denominada Torre Rosa en referencia a la Virgen del Rosario, Antoni Gaudí vivió desde 1906 hasta 1925.