Público general | Page 39 | Patrimonio Cultural. Generalitat de Cataluña.

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La Casa Masó es la casa natal del arquitecto Rafael Masó, un símbolo del desarrollo del novecentismo en Girona. Perfectamente integrada en el entorno urbano, el edificio consta de planta baja, tres pisos y azotea.

La casa actual es la unión de cuatro casas de tipo menestral adquiridas por la familia Masó. La fachada de la calle Ballesteries combina el estilo secesionista con elementos de inspiración barroca. En la parte trasera, galerías de vidrio y cerámica enmarcan al río Onyar.

Rafael Masó hizo dos grandes reformas en la casa. La primera, a partir de 1911 cuando su padre le encargó adecuar la vivienda a las necesidades de una familia numerosa y que había ascendido socialmente. La segunda intervención fue en 1918, cuando su hermano heredó la casa. Además de unificar las fachadas, diseñó la escalera, los vitrales y buena parte de los muebles del interior.

Para las reformas, el arquitecto recurrió al estilo modernista imperante en la época, aunque cada vez fue introduciendo más elementos del incipiente movimiento novecentista.

Desde 2006 esta vivienda acomodada es la sede de la Fundación Rafael Masó y actualmente es la única de las casas del río Onyar que está abierta al público.

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Los músicos Lluís Millet y Amadeu Vives, fundadores del Orfeó Català, en 1891 encargaron a Lluís Domènech i Montaner un edificio para la sede de la entidad. Pero no querían una construcción cualquiera, sino un edificio único que recogiera el sentimiento catalanista de la burguesía de finales de siglo XIX. El 23 de abril de 1905 se inició la construcción y la alta sociedad barcelonesa no se perdió la inauguración, el 9 de febrero de 1908.

En la fachada destaca el conjunto escultórico de la alegoría de la música popular. Una vez dentro, el vestíbulo principal, un espacio barroco lleno de color, es el aperitivo de la auténtica joya del edificio: la sala de conciertos. Domènech i Montaner recurrió a una estructura de acero que soporta el peso de la construcción para poder obtener un gran espacio diáfano, claro y limpio. Y en el techo, toda la platea está cubierta con una gran claraboya en forma de esfera invertida que representa un sol rodeado de rostros femeninos. El escenario es el otro gran atractivo de la sala, con los conjuntos escultóricos más relevantes del edificio.

Domènech i Montaner diseñó un Palau donde la arquitectura se combina con la escultura, el ebanistería, la marquetería, la vidriería, el mosaico o la cerámica. Es lo que conocemos como la obra de arte total.

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¿Quién ha dicho que un hospital debe ser blanco y despojado de decoración? Gracias al legado del banquero Pau Gil, en 1902 el arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner proyectó un hospital lleno de belleza, rico en ornamentación, colores y vegetación.

Se trata de un complejo monumental formado por 27pabellones de ladrillo rojo en la frontera entre el Eixample y el Guinardó. Una auténtica ciudad hospitalaria donde, rodeados de jardines, se distribuyen los servicios médicos y generales, los departamentos y una iglesia. Todos ellos conectados mediante una red subterránea de pasillos de 2 Km de longitud que permite el traslado de enfermos sin salir al exterior.

El proyecto de Domènech i Montaner, que terminó su hijo en 1930, es una concepción arquitectónica y urbanística totalmente innovadora en relación a las tipologías de hospital vigentes hasta principios de siglo XX. Sigue la corriente higienista: separa los servicios para evitar contagios y favorece la luz natural y los espacios abiertos, para renovar el aire y hacer la convalecencia más agradable a los pacientes.

Después de más de 80 años de actividad sanitaria, en 2009 el hospital se trasladó a unas nuevas instalaciones. Una vez vacíos y readaptados, los pabellones modernistas de Domènech i Montaner acogen diferentes instituciones.

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La Basílica Expiatoria de la Sagrada Família es uno de los ejemplos más brillantes del modernismo catalán y se ha convertido en todo un símbolo de Barcelona. Seguramente es el monumento inacabado que atrae más visitantes en el mundo. Y es que Antoni Gaudí depositó en ella todos sus esfuerzos y conocimiento hasta el momento de su muerte, aunque sólo vio finalizados la cripta, el ábside y la fachada de la Natividad con uno de los campanarios. Estos espacios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad el 2005.

La construcción de la Sagrada Família comienza en 1882 con la cripta situada debajo del ábside, según un primer diseño neogótico. Cuando el encargo pasa a manos de Gaudí lo transforma totalmente y adapta el proyecto a sus ideales naturalistas. Uno de los tesoros de la cripta es el mosaico de estilo romano del suelo. Tampoco se debe pasar por alto el retablo dedicado a la Sagrada Familia del escultor Josep Llimona. Precisamente en este entorno íntimo y místico es donde descansa actualmente Antoni Gaudí, concretamente en la capilla del Carme.

Una vez finalizada la cripta y el ábside, Gaudí se plantea un proyecto más ambicioso y complejo, basado en una minuciosa simbología y grandes audacias constructivas formales a partir del arco parabólico. De aquí nace la fachada de la Natividad. Según Gaudí: "Si en vez de esta fachada decorada, ornamentada y turgente hubiera empezado por la de la Pasión, dura, pelada y hecha como de huesos, la gente se habría retraído". Así, la convierte en un libro de piedra detallado sobre los episodios de la infancia de Jesús.

Después de Gaudí, la construcción pasó por décadas de lenta evolución. Con el interés posterior por la obra de Gaudí, el número de visitantes ha aumentado exponencialmente en los últimos años y las obras de construcción del templo han avanzado con rapidez siguiendo las maquetas y apuntes que dejó el maestro. El interior de la nave de la iglesia es un nuevo atractivo y está previsto que en 2026 el edificio que soñó Gaudí esté terminado.

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Ubicado en el centro de la ciudad de Barcelona, el Parque de la Ciutadella no sólo es un referente como espacio verde: su gran diversidad de elementos (museos, lago, cascada, vegetación centenaria, esculturas...) hacen que sea especialmente valorado por los vecinos y visitantes de la ciudad. Construido en la segunda mitad del siglo XIX con motivo de la Exposición Universal de 1888, el actual parque ocupa los terrenos de la ciudadela que ordenó construir Felipe V tras la Guerra de Sucesión.

De los pabellones levantados durante la Exposición Universal se conservan el Castillo de los Tres Dragones (sede del Museo de Zoología de Barcelona), el Umbráculo y el Invernadero. Pero donde se centran todas las miradas es en el lago y la cascada monumental. Un joven Antoni Gaudí participó en la construcción de la fuente, coronada por una escultura de hierro forjado.

En la antigua plaza de armas de la fortaleza encontramos la sede del Parlamento de Cataluña y, muy cerca, se puede ver una copia de El desconsuelo, de Josep Llimona. Esta réplica es la más destacada del centenar de esculturas que el visitante puede contemplar en el parque.

El acceso principal a La Ciutadella es por el paseo de Lluís Companys, que encabeza el imponente Arco de Triunfo modernista y que perfila una de las postales urbanas más bellas de la ciudad.

Durante muchos años, La Ciutadella fue el único parque de la ciudad, y el primero de los actuales que se diseñó específicamente como espacio público. Su versatilidad convierte el pulmón verde de Barcelona en escenario de actividades lúdicas y culturales.

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A finales de la Guerra Civil española, la Batalla del Ebro fue el punto de inflexión del conflicto al propiciar la pérdida de Cataluña por parte republicana. Un intenso combate que se desarrolló en las comarcas de Matarraña, La Ribera d'Ebre, El Baix Ebre y La Terra Alta. Actualmente, la combinación de espacios históricos y centros de interpretación forman los Espacios de la Batalla del Ebro, testimonio vivo de uno de los episodios más trágicos de la historia reciente del país.

ElPoble Vell de Corbera d’Ebre pervive como símbolo mudo de la barbarie de este conflicto. Pasear entre los restos de calles y casas destruidas permite rememorar los bombardeos y la desdicha de sus antiguos habitantes. En los barrancos de Vilalba dels Arcs se puede ver una línea de 700 metros de trincheras que formaron parte de la red de defensa republicana. En La Fatarella se conserva un refugio militar y los muros del castillo de Miravet sirvieron de refugio a los soldados nacionales que guarnecían la población.

Los Espacios de la Batalla del Ebro incluyen un total de 19 localizacioneshistóricas y cinco Centros de Interpretación: 115 días (Corbera d’Ebre), Soldados en las trincheras (Vilalba dels Arcs), Hospitales de Sangre (Batea), Las voces del frente (Pinell de Brai) y Internacionales en el Ebro (La Fatarella).

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El Museo Memorial del Exilio (MUME) es el primer equipamiento museístico dedicado a preservar la memoria y el legado del exilio republicano consecuencia de la Guerra Civil española.

Ubicado en La Jonquera, el paso fronterizo por donde huyeron la mayor parte de los exiliados, el MUME se define como un espacio para la memoria, la historia y la reflexión crítica. Un proyecto que no sólo se limita a la labor expositiva sino que impulsa la investigación histórica y la difusión pedagógica.

Su exposición permanente presenta el fenómeno del exilio a lo largo de la historia, haciendo hincapié en la Guerra Civil y la posterior derrota y retirada republicana. La diáspora a través de los Pirineos camino de Francia y la suerte diversa de los miles de refugiados que cruzaron la frontera son uno de los puntos de interés de la muestra. La vivencia del exilio y su legado cultural a partir de testimonios y herencias documentales completan el discurso expositivo.

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Hace 2700 años una tribu de ilergetes levanta su asentamiento en una llanura cerca de la actual Arbeca (Les Garrigues). Es un buen lugar para cultivar la tierra. Pero a pesar de la placidez del lugar, los ilergetes temen los ataques enemigos y por eso levantan una imponente fortificación casi inexpugnable. Esto convierte a Els Vilars en una construcción única en el mundo ibérico catalán y europeo y uno de los puntos imprescindibles de La Ruta de los Iberos.

De forma ovalada, la fortificación estaba totalmente amurallada y disponía de torres de vigilancia. Para acceder a ella sólo había dos puertas de pequeñas dimensiones. Si entrar en el asentamiento era difícil, acercarse tampoco era tarea fácil: ante los muros, una barrera de piedras clavadas en el suelo (chevaux-de-frise) impedían el paso de forasteros a pie o a caballo. Unos grandes fosos completaban las obras defensivas. En el interior, las viviendas se organizaban alrededor de una plaza presidida por un gran pozo.

Todas estas estructuras son visibles actualmente, gracias a los trabajos de restauración y conservación del yacimiento. Visto desde el aire, se puede apreciar perfectamente su planta ovalada y los límites de las casas rectangulares que acogían el centenar de habitantes que tuvo Els Vilars.

Los ilergetes vivieron allí durante 400 años y abandonaron el lugar de forma abrupta. El porqué aún es hoy un misterio. Su fortaleza tan singular se ha convertido en uno de los referentes íberos de la Península.

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La historia se detiene una y otra vez en Roses. Fundada como colonia griega, su ubicación la convierte en un punto estratégico del Mediterráneo. Por eso, el lugar ha sido objeto de diferentes ocupaciones y blanco de numerosos ataques. Actualmente, la Ciudadela es un moderno centro cultural y un extraordinario yacimiento.

En los 139.000 m2 del recinto se reúnen los restos arqueológicos de la colonia griega y posteriormente romana de Rhode, el monasterio románico de Santa Maria y la estructura de la ciudad vieja de Rosas, que incluso conserva algunas fortificaciones medievales.

Las murallas actuales son una fortificación de grandes baluartes que datan de la época renacentista y moderna. Y es que en el siglo XVI, el rey Carlos V manda construir la Ciutadela y el castillo de la Trinitat para protegerse de los piratas y de los turcos.

En 1814 son los mismos franceses los que vuelan la ciudadela, que se recupera y se abre al público ya avanzado el siglo XX.

Desde 2004 dentro del recinto se puede visitar el Museo de la Ciudadela, un edificio contemporáneo donde se resume la historia del conjunto.

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Desde los años sesenta, cada año a principios de octubre llega puntual el Festival de Cine de Sitges, el primero a nivel mundial dedicado al género fantástico y que, con los años, se ha convertido en un referente internacional. Es el festival de cine con más prestigio y eco mediático entre los que tienen lugar en Cataluña.

Nació en 1968 con el nombre de Semana Internacional de Cine Fantástico y de terror de Sitges y desde entonces se ha celebrado ininterrumpidamente, ofreciendo a sus miles de visitantes proyecciones cinematográficas, exposiciones y conferencias. El festival ha recibido en cada edición visitas de intérpretes, directores y productores de renombre tanto nacional como internacional.

El Festival de Cine de Sitges es también la sede de los premios anuales de la European Fantastic Film Festivals Federation.