

Romper con los valores sociales y artísticos establecidos y transformarlos en una cultura moderna y nacional con nuevas ideas. Estos son los objetivos del modernismo de finales del siglo XIX hasta la primera década del siglo XX aplicados a todas las artes, incluida la literatura.
Los primeros pasos de este movimiento en Cataluña van ligados a la aparición de L’Avens (L’Avenç), la revista cultural de Valentí Almirall, que contará con la colaboración de Àngel Guimerà, Narcís Oller, Jaume Brossa, Joaquim Casas-Carbó y Jaume Massó. Las discrepancias en la publicación propiciarán la aparición de dos tendencias diferenciadas: el sector regeneracionista, preocupado por cambiar la sociedad y encabezado por Jaume Brossa, y el sector esteticista, impulsado por Santiago Rusiñol y Raimon Casellas, defensores del arte por el arte.
Al cambiar de siglo, las diferencias se superarán con la aparición de nuevos órganos de expresión modernista (la revista Catalonia y el semanario Joventut), que facilitarán un discurso más moderado y participativo.
Esta etapa es la que da frutos literarios de mayor diversidad y calidad: Els sots feréstecs (Raimon Casellas), Solitud (Víctor Català), L'auca del senyor Esteve (Santiago Rusiñol) y Josafat (Prudenci Bertrana). Entre los poetas, la figura capital del modernismo catalán es Joan Maragall, responsable de renovar el género, haciéndolo más coloquial y menos grandilocuente.
Paseando por Museo de la Colonia Vidal de Puig-reig podemos conocer cómo eran la vida y el trabajo en una colonia textil catalana de principios del siglo XX. Espacios como la escuela, la fábrica o las viviendas son testigos de la Revolución Industrial en Cataluña.
Instalada al pie del río Llobregat para utilizar el agua como fuente de energía, la Colonia Vidal forma parte de una de las principales concentraciones de colonias textiles de Europa. En el conjunto arquitectónico destacan edificios como la torre del amo, la torre del director, la fábrica, la iglesia, el casino teatro y la casa de la mujer/escuela.
El Museo abrió el 1995, y forma parte del Sistema Territorial del Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña. Propone un itinerario que muestra al visitante servicios de la colonia obrera como las viviendas, la escuela, la biblioteca, la pescadería, el lavadero o las duchas. La visita también incluye una exposición permanente que cuenta el día a día de los hombres y las mujeres que trabajaban en la fábrica.
Definida por el dramaturgo Àngel Guimerà como una de las catedrales del vino, la bodega modernista de Pinell de Brai es la expresión arquitectónica del cooperativismo agrario en Cataluña de finales de siglo XIX. Su construcción se encarga a Cèsar Martinell el 1919 que utiliza todos los elementos de la arquitectura tradicional catalana, la estética modernista, y lo enriquece con las innovaciones técnicas de su maestro Antoni Gaudí.
La luz que se filtra entre los ventanales, la planta que recuerda a la de una iglesia y la sensación de amplitud recrea el interior de una catedral gótica. Pero más allá de la belleza arquitectónica del edificio, Martinell crea un espacio funcional destinado a la producción de vino. Por ello, incorpora importantes innovaciones técnicas: la estructura de naves basada en arcos parabólicos, el sistema de ventilación a través de grandes ventanales o el aislamiento en cámaras de los recipientes para la elaboración del vino.
El elemento más característico de la bodega es sin duda el friso de cerámica vidriada de la fachada diseñado por el pintor Francesc Xavier Nogués, en el que se suceden escenas de la vendimia y de la elaboración del vino y el aceite. A pesar de su espectacularidad, por falta de presupuesto se eliminó del proyecto inicial y no se incorporó hasta 1949.
Los músicos Lluís Millet y Amadeu Vives, fundadores del Orfeó Català, en 1891 encargaron a Lluís Domènech i Montaner un edificio para la sede de la entidad. Pero no querían una construcción cualquiera, sino un edificio único que recogiera el sentimiento catalanista de la burguesía de finales de siglo XIX. El 23 de abril de 1905 se inició la construcción y la alta sociedad barcelonesa no se perdió la inauguración, el 9 de febrero de 1908.
En la fachada destaca el conjunto escultórico de la alegoría de la música popular. Una vez dentro, el vestíbulo principal, un espacio barroco lleno de color, es el aperitivo de la auténtica joya del edificio: la sala de conciertos. Domènech i Montaner recurrió a una estructura de acero que soporta el peso de la construcción para poder obtener un gran espacio diáfano, claro y limpio. Y en el techo, toda la platea está cubierta con una gran claraboya en forma de esfera invertida que representa un sol rodeado de rostros femeninos. El escenario es el otro gran atractivo de la sala, con los conjuntos escultóricos más relevantes del edificio.
Domènech i Montaner diseñó un Palau donde la arquitectura se combina con la escultura, el ebanistería, la marquetería, la vidriería, el mosaico o la cerámica. Es lo que conocemos como la obra de arte total.
¿Quién ha dicho que un hospital debe ser blanco y despojado de decoración? Gracias al legado del banquero Pau Gil, en 1902 el arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner proyectó un hospital lleno de belleza, rico en ornamentación, colores y vegetación.
Se trata de un complejo monumental formado por 27pabellones de ladrillo rojo en la frontera entre el Eixample y el Guinardó. Una auténtica ciudad hospitalaria donde, rodeados de jardines, se distribuyen los servicios médicos y generales, los departamentos y una iglesia. Todos ellos conectados mediante una red subterránea de pasillos de 2 Km de longitud que permite el traslado de enfermos sin salir al exterior.
El proyecto de Domènech i Montaner, que terminó su hijo en 1930, es una concepción arquitectónica y urbanística totalmente innovadora en relación a las tipologías de hospital vigentes hasta principios de siglo XX. Sigue la corriente higienista: separa los servicios para evitar contagios y favorece la luz natural y los espacios abiertos, para renovar el aire y hacer la convalecencia más agradable a los pacientes.
Después de más de 80 años de actividad sanitaria, en 2009 el hospital se trasladó a unas nuevas instalaciones. Una vez vacíos y readaptados, los pabellones modernistas de Domènech i Montaner acogen diferentes instituciones.
La Basílica Expiatoria de la Sagrada Família es uno de los ejemplos más brillantes del modernismo catalán y se ha convertido en todo un símbolo de Barcelona. Seguramente es el monumento inacabado que atrae más visitantes en el mundo. Y es que Antoni Gaudí depositó en ella todos sus esfuerzos y conocimiento hasta el momento de su muerte, aunque sólo vio finalizados la cripta, el ábside y la fachada de la Natividad con uno de los campanarios. Estos espacios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad el 2005.
La construcción de la Sagrada Família comienza en 1882 con la cripta situada debajo del ábside, según un primer diseño neogótico. Cuando el encargo pasa a manos de Gaudí lo transforma totalmente y adapta el proyecto a sus ideales naturalistas. Uno de los tesoros de la cripta es el mosaico de estilo romano del suelo. Tampoco se debe pasar por alto el retablo dedicado a la Sagrada Familia del escultor Josep Llimona. Precisamente en este entorno íntimo y místico es donde descansa actualmente Antoni Gaudí, concretamente en la capilla del Carme.
Una vez finalizada la cripta y el ábside, Gaudí se plantea un proyecto más ambicioso y complejo, basado en una minuciosa simbología y grandes audacias constructivas formales a partir del arco parabólico. De aquí nace la fachada de la Natividad. Según Gaudí: "Si en vez de esta fachada decorada, ornamentada y turgente hubiera empezado por la de la Pasión, dura, pelada y hecha como de huesos, la gente se habría retraído". Así, la convierte en un libro de piedra detallado sobre los episodios de la infancia de Jesús.
Después de Gaudí, la construcción pasó por décadas de lenta evolución. Con el interés posterior por la obra de Gaudí, el número de visitantes ha aumentado exponencialmente en los últimos años y las obras de construcción del templo han avanzado con rapidez siguiendo las maquetas y apuntes que dejó el maestro. El interior de la nave de la iglesia es un nuevo atractivo y está previsto que en 2026 el edificio que soñó Gaudí esté terminado.
Ubicado en el centro de la ciudad de Barcelona, el Parque de la Ciutadella no sólo es un referente como espacio verde: su gran diversidad de elementos (museos, lago, cascada, vegetación centenaria, esculturas...) hacen que sea especialmente valorado por los vecinos y visitantes de la ciudad. Construido en la segunda mitad del siglo XIX con motivo de la Exposición Universal de 1888, el actual parque ocupa los terrenos de la ciudadela que ordenó construir Felipe V tras la Guerra de Sucesión.
De los pabellones levantados durante la Exposición Universal se conservan el Castillo de los Tres Dragones (sede del Museo de Zoología de Barcelona), el Umbráculo y el Invernadero. Pero donde se centran todas las miradas es en el lago y la cascada monumental. Un joven Antoni Gaudí participó en la construcción de la fuente, coronada por una escultura de hierro forjado.
En la antigua plaza de armas de la fortaleza encontramos la sede del Parlamento de Cataluña y, muy cerca, se puede ver una copia de El desconsuelo, de Josep Llimona. Esta réplica es la más destacada del centenar de esculturas que el visitante puede contemplar en el parque.
El acceso principal a La Ciutadella es por el paseo de Lluís Companys, que encabeza el imponente Arco de Triunfo modernista y que perfila una de las postales urbanas más bellas de la ciudad.
Durante muchos años, La Ciutadella fue el único parque de la ciudad, y el primero de los actuales que se diseñó específicamente como espacio público. Su versatilidad convierte el pulmón verde de Barcelona en escenario de actividades lúdicas y culturales.