

La Casa Milà es uno de los edificios más singulares de Antoni Gaudí. Situada en pleno paseo de Gràcia de Barcelona, rompe con la fisonomía de la avenida. Se trata de un edificio construido en torno a dos patios interiores con sótano, planta baja, principal, 4 pisos, buhardilla y azotea. Gaudí resuelve la estructura del edificio a base de pilares de piedra, ladrillo y hierro y se sirve principalmente delarco catenario y del parabólico.
Generó mucha controversia durante su construcción, a principios de 1900. Los barceloneses la bautizaron con el apodo de La Pedrera, refiriéndose al tipo de piedra, blanco cremoso, que provenía de las canteras del Garraf y Vilafranca del Penedès.
Muchos también la describen como un gran barco que remonta el paseo de Gràcia. Y es que su fachada se caracteriza por las continuas ondulaciones y aberturas de la piedra para facilitar la iluminación y la ventilación del interior.
El edificio disponía de 20 viviendas que se alquilaron a familias acomodadas de la época. El matrimonio Milà, propietario de la finca, se instaló en la planta noble. La Pedrera, sin embargo, no es un edificio residencial convencional. El objetivo de Gaudí era crear viviendas en movimiento, en que cada una pudiera tener su propia distribución según las necesidades de cada inquilino.
Corona el edificio la azotea, rematada con el conjunto de 7 chimeneas, recubiertas de cal, trencadís blanco y vidrio. Escenifican las cabezas de 7 guerreros mitológicos que desde este paisaje casi irreal vigilan la ciudad.
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Con un estilo original, fantástico y lleno de imaginación, la Casa Batlló es una de las obras más representativas del arquitecto Antoni Gaudí. Situada en el Paseo de Gràcia de Barcelona e inspirada en la naturaleza, es un prodigio de diseño ornamental y una obra maestra de forma, color y luz. Por todo ello, fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.
Sin duda, la fachada es el elemento arquitectónico más singular de la Casa Batlló; la combinación de piedra, hierro forjado, trencadís de vidrio y cerámica policromada la convierten en una de las más creativas y originales diseñadas por el arquitecto.
En la parte superior, el tejado tiene forma de lomo de animal con unas grandes escamas tornasoladas. Coronan el conjunto piezas esféricas de grandes dimensiones que parecen crestas y hacen pensar en la figura de un dragón o un animal fantástico similar. Otro elemento destacado de la fachada es la torre coronada por una cruz de cuatro brazos, así como el diseño de temas acuáticos que decora los muros. Los balcones en forma de antifaz y la galería del piso principal simulando huesos son dos atractivos más del edificio.
En el interior destacan, entre otros elementos, el techo del salón principal, los conjuntos de chimeneas de la azotea, la escalera principal y los arcos parabólicos de la buhardilla, que crean espacios diáfanos y ventilados adelantados a su época.
La participación de los principales artistas,
músicos y escritores del siglo XIX en las actividades que el artista Santiago
Rusiñol organizaba en su casa-taller de Sitges desde el 1893 la
convirtieron en un verdadero templo del modernismo.
Precisamente la llamó cau porque quería que fuera
un refugio para los amantes de la poesía y ferrat porque tenía
la colección de hierros forjados que él mismo había recogido en sus viajes por
Cataluña. El edificio es hoy el Museo del Cau Ferrat, uno de
los principales museos de la población de El Garraf.
Reúne
las colecciones de arte antiguo y arte moderno reunidas por
el artista y escritor catalán. Pintura, dibujo, escultura, forja, cerámica, vidrio
y muebles configuran un conjunto artístico único, que
incluye parte de la obra plástica del propio Rusiñol y de artistas como Casas,
Picasso, El Greco, R. Pichot, Mas i Fondevila, Zuloaga, Regoyos y Degouwe de Nucques,
Enric Clarasó, Manolo Hugué y Pau Gargallo, entre otros.
El
edificio del Museo del Cau Ferrat fue reformado entre 2010 y 2014 para reforzar
su estructura y restaurar los elementos patrimoniales originales.
En 1900, el empresario Eusebi Güell encargó a Antoni Gaudí la construcción en las afueras de Barcelona de una urbanización para familias acomodadas con sesenta viviendas unifamiliares. A pesar de la modernidad del proyecto, fue un fracaso comercial que obligó a sus promotores a paralizarlo en 1914. En la actualidad es uno de los parques públicos más importantes de Barcelona.
Gaudí experimentó con formas arquitectónicas estrechamente relacionadas con el paisaje y la naturaleza. La parcela escogida, casi sin vegetación, era pedregosa y con acusadas irregularidades en el terreno. Gaudí potenció estas particularidades con la creación de caminos sinuosos o el uso de materiales del lugar, como las propias piedras, para construir espacios cubiertos y porches soportados por columnas inclinadas.
Quizás la parte más espectacular del parque es la doble escalinata con una monumental fuente central en forma de dragón, toda ella cubierta de trencadís de colores (obra de Jujol). La doble escalera conduce a una amplia superficie cubierta que, proyectada como un gran mercado, se sustenta en 86 majestuosas columnas de estilo dórico. El techo está ornamentado por coloristas medallones. Por encima de este espacio se ubica una gran plaza, delimitada por un largo banco que dibuja una original trayectoria serpenteante.
En la casa que se construyó como muestra de las viviendas de la futura urbanización, denominada Torre Rosa en referencia a la Virgen del Rosario, Antoni Gaudí vivió desde 1906 hasta 1925.
La casa del industrial chocolatero Antoni Amatller es uno de los máximos exponentes de la arquitectura modernista catalana y uno de los pocos de Barcelona que aún conservan la riqueza ornamental propia de este estilo impulsado por la burguesía. Ubicada en el Paseo de Gràcia de Barcelona, es obra del arquitecto Josep Puig i Cadafalch que recibió el encargo de remodelar de arriba a abajo el edificio adquirido por el industrial.
La Casa Amatller destaca por la composición de la fachada y por la reestructuración y redecoración de la planta baja y el piso principal, un reflejo de la originalidad de la arquitectura y las artes decorativas modernistas. La fachada es una composición colorista que incorpora esgrafiados a base de blanco, ocre y almagre, baldosas vidriadas, carpintería verde, forja negra y piedra gris de Montjuïc. Además, se aprecia una singular decoración escultórica, donde destaca el relieve de San Jorge y el dragón, obra de Eusebi Arnau. La cabecera escalonada en la parte superior de la fachada recuerda la forma de una clásica tableta de chocolate y es uno de los rasgos más característicos del edificio. En el interior, hay que admirar el mobiliario, las columnas, el suelo, los techos y las lámparas, decoración original de la residencia.
Actualmente, la Casa Amatller es la sede la Fundación Instituto Amatller de Arte Hispánico. Cuenta con unos 400 objetos de la época romana, medieval, barroca y modernista. Pero sobre todo destacan sus recursos documentales. Mantiene una gran fototeca especializada en arte hispánico, con cerca de 350.000 unidades que ilustran e inventarían las obras de arte. Su consulta es imprescindible para el investigador en historia del arte.
La obra de Antoni Gaudí es el exponente más importante de la arquitectura modernista, movimiento artístico que se extiende desde finales del siglo XIX a principios del siglo XX. Gaudí, arquitecto y artista genial, hizo una interpretación muy personal del modernismo, con técnicas arquitectónicas, espaciales y decorativas llenas de libertad creativa e innovación.
El Park Güell, el Palau Güell y la Casa Milà fueron declarados Patrimonio Mundial en 1984. Dieciséis años después se incluyeron cinco bienes más que conforman un conjunto muy representativo de la esencia y la evolución de la obra de Antoni Gaudí. Así, las obras declaradas Patrimonio Mundial son: el Park y el Palau Güell, la Casa Milà, la Casa Vicens, la fachada de la natividad y la cripta de la Sagrada Familia, la Casa Batlló y la cripta de la colonia Güell.
Gaudí fue un artista completo, que concibió la arquitectura como una obra de arte total, en la que adquirían importancia los edificios pero también todos los detalles interiores. Heredero en cierta forma del pensamiento de figuras como Ruskin, Morris o Viollet-le-Duc, Gaudí será a su vez inspiración para futuros artistas como Le Corbusier o Dalí.
La obra de Antoni Gaudí s se encuentra fundamentalmente enCataluña, aunque trabajó también en otros lugares como en Comillas (Cantabria), Astorga y León (Castilla y León) o Palma de Mallorca.
Sus creaciones se enmarcan en el contexto del modernismo y de La Renaixença, movimientos culturales que se posicionaron en la modernidad y el progreso de la época, pero también desarrollaron un fuerte sentimiento hacia las tradiciones y la identidad popular.
Una iglesia barroca, un residencia-convento de
estilo neoclásico... y una cueva. Estos tres elementos conforman la
Cova de San Ignasi de Manresa, un conjunto arquitectónico
convertido en centro de espiritualidad y estampa icónica de la capital
del Bages.
Situado en el Puig de Sant Bartomeu en
una de las cuevas formadas por la erosión de las aguas de El Cardener, este
conjunto se levantó en el lugar donde la tradición cuenta que San
Ignacio de Loyola vivió 11 meses meditando y escribiendo parte de sus
Ejercicios Espirituales, entre el 1522 y el 1523.
En la cueva destaca el Relleu del rapte de
Sant Ignasi, un retablo de alabastro de mediados del siglo XVII,
esculpido por los manresanos Joan Grau, su hijo Francesc y Josep Sunyer.
La iglesia, construida en el siglo XVIII con el diseño
de Josep Moretó, combina un interior discreto donde destaca un altar de la
Santísima, con una fachada barroca rica en elementos y proporcionada en sus
medidas.
Completan el conjunto la residencia-convento
de los jesuitas, de inspiración neoclásica, y el vestíbulo o
pasillo que une la iglesia y la cueva, de estilo modernista y
decorado con mármoles, mosaicos, estucos, vidrieras y metales.
Romper con los valores sociales y artísticos establecidos y transformarlos en una cultura moderna y nacional con nuevas ideas. Estos son los objetivos del modernismo de finales del siglo XIX hasta la primera década del siglo XX aplicados a todas las artes, incluida la literatura.
Los primeros pasos de este movimiento en Cataluña van ligados a la aparición de L’Avens (L’Avenç), la revista cultural de Valentí Almirall, que contará con la colaboración de Àngel Guimerà, Narcís Oller, Jaume Brossa, Joaquim Casas-Carbó y Jaume Massó. Las discrepancias en la publicación propiciarán la aparición de dos tendencias diferenciadas: el sector regeneracionista, preocupado por cambiar la sociedad y encabezado por Jaume Brossa, y el sector esteticista, impulsado por Santiago Rusiñol y Raimon Casellas, defensores del arte por el arte.
Al cambiar de siglo, las diferencias se superarán con la aparición de nuevos órganos de expresión modernista (la revista Catalonia y el semanario Joventut), que facilitarán un discurso más moderado y participativo.
Esta etapa es la que da frutos literarios de mayor diversidad y calidad: Els sots feréstecs (Raimon Casellas), Solitud (Víctor Català), L'auca del senyor Esteve (Santiago Rusiñol) y Josafat (Prudenci Bertrana). Entre los poetas, la figura capital del modernismo catalán es Joan Maragall, responsable de renovar el género, haciéndolo más coloquial y menos grandilocuente.
Paseando por Museo de la Colonia Vidal de Puig-reig podemos conocer cómo eran la vida y el trabajo en una colonia textil catalana de principios del siglo XX. Espacios como la escuela, la fábrica o las viviendas son testigos de la Revolución Industrial en Cataluña.
Instalada al pie del río Llobregat para utilizar el agua como fuente de energía, la Colonia Vidal forma parte de una de las principales concentraciones de colonias textiles de Europa. En el conjunto arquitectónico destacan edificios como la torre del amo, la torre del director, la fábrica, la iglesia, el casino teatro y la casa de la mujer/escuela.
El Museo abrió el 1995, y forma parte del Sistema Territorial del Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña. Propone un itinerario que muestra al visitante servicios de la colonia obrera como las viviendas, la escuela, la biblioteca, la pescadería, el lavadero o las duchas. La visita también incluye una exposición permanente que cuenta el día a día de los hombres y las mujeres que trabajaban en la fábrica.
Definida por el dramaturgo Àngel Guimerà como una de las catedrales del vino, la bodega modernista de Pinell de Brai es la expresión arquitectónica del cooperativismo agrario en Cataluña de finales de siglo XIX. Su construcción se encarga a Cèsar Martinell el 1919 que utiliza todos los elementos de la arquitectura tradicional catalana, la estética modernista, y lo enriquece con las innovaciones técnicas de su maestro Antoni Gaudí.
La luz que se filtra entre los ventanales, la planta que recuerda a la de una iglesia y la sensación de amplitud recrea el interior de una catedral gótica. Pero más allá de la belleza arquitectónica del edificio, Martinell crea un espacio funcional destinado a la producción de vino. Por ello, incorpora importantes innovaciones técnicas: la estructura de naves basada en arcos parabólicos, el sistema de ventilación a través de grandes ventanales o el aislamiento en cámaras de los recipientes para la elaboración del vino.
El elemento más característico de la bodega es sin duda el friso de cerámica vidriada de la fachada diseñado por el pintor Francesc Xavier Nogués, en el que se suceden escenas de la vendimia y de la elaboración del vino y el aceite. A pesar de su espectacularidad, por falta de presupuesto se eliminó del proyecto inicial y no se incorporó hasta 1949.