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¿Quieres sentirte cómo si pasearas por unos jardines ingleses, frondosos y aparentemente anárquicos? Esta es la sensación que ofrece el Parc Nou d’Olot, que abrió sus puertas en 1943, cuando la finca señorial se convirtió en parque municipal. Entre otras cosas, se puede visitar un pequeño robledal natural de roble carvallo que ha sido catalogada como arboleda monumental y tiene árboles de más de 150 años y 25 metros de altura.

Dentro del recinto del Parc Nou existen hoy una veintena de especies vegetales. Esta gran diversidad y la necesidad de preservar el robledal de roble carvallo llevaron a la creación del Jardín Botánico de Vegetación Natural Olotina en 1986. El conjunto permite observar la complejidad de la vida del bosque húmedo. En mayo de 2005 se abrió al público el jardín de plantas medicinales de la Garrotxa.

Dentro del parque se encuentra la Torre Castanys, conocida también como Casa Sureda, un edificio modernista que acoge un centro de información del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa y el Museu dels Volcans. Este último explica, a través de maquetas y tecnología interactiva, los fenómenos sísmicos y vulcanológicos tan importantes en la comarca, un simulador de terremotos único en Cataluña.
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Ubicado estratégicamente en la cima de la montaña de Montjuïc, el castillo bautizado con el mismo nombre es una construcción defensiva imponente que responde al modelo de fortificaciones en forma de estrella. Su aspecto actual se debe a la reforma de las antiguas instalaciones realizada por el ingeniero militar Juan Martín Cermeño durante el siglo XVIII.

Más allá de su arquitectura, el castillo de Montjuïc ha sido escenario de numerosos episodios sangrientos y represivos a lo largo de sus 400 años de historia. Actualmente, el recinto es propiedad de la ciudad y se ha convertido en un símbolo de Barcelona.

Los orígenes del castillo se remontan a 1640, en plena Guerra dels Segadors, cuando se levantó un pequeño fortín en torno a una antigua torre de vigilancia. Era el inicio de la militarización de la montaña, que ha marcado su historia hasta mediados del siglo XX.

Esta pequeña fortificación inicial fue reformada y modernizada en profundidad por Juan Martín Cermeño. Terminada la Guerra de Sucesión (1701-1714), el castillo pasaba a titularidad monárquica y se establecía una guarnición permanente. Junto con la Ciutadella, Montjuïc se convertía en el guardián de la ciudad de Barcelona.

La intervención supuso el derribo del fortín original y la construcción de los nuevos edificios sobre una planta trapezoidal irregular adaptada a la topografía de la montaña, con cuatro baluartes en los extremos y un camino cubierto perimetral. Cermeño terminó de "modernizar" las instalaciones dotándolas de servicios, cisternas y ordenó también la construcción del foso.

A lo largo del siglo XIX el castillo volvió a tener protagonismo militar como represor de los movimientos insurreccionales en la ciudad. Hasta 3 veces se bombardeó Barcelona desde la fortaleza (1842, 1843 y 1856), que se utilizó para encarcelar sindicalistas, anarquistas y revolucionarios, igual que durante la Semana Trágica de 1909. Con la Guerra Civil Española el espacio tuvo los mismos usos en manos del gobierno republicano. Posteriormente, el castillo se convirtió en lugar conmemorativo de los vencedores de la guerra, prisión militar y escenario de consejos de guerra (el de mayor trascendencia política fue el fusilamiento del presidente Lluís Companys).

Se convirtió en museo militar en 1963. Finalmente el castillo pasó a titularidad municipal en 2007, cerrando definitivamente las puertas del museo y recuperando el espacio para la ciudad.
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Apéndice natural de La Rambla, la Reial es una de las plazas más emblemáticas de Barcelona. Levantada a mediados del siglo XIX para esponjar el Barrio Gótico, se trata de un espacio claro, limpio y diáfano que se hace un hueco entre la alta densidad de edificios del casco antiguo de la ciudad.

Francesc Daniel Molina es el autor del proyecto arquitectónico, inspirado en el estilo de las plazas neoclásicas francesas del siglo XVII. La construcción comenzó en 1848 en un espacio anteriormente ocupado por un convento capuchino. La plaza quedó rodeada por un conjunto de edificios idénticos que se elevaban sobre arcos de medio punto: encima, dos pisos principales enmarcados por un orden gigante de pilastras corintias; el 3º y último piso retirado hacia dentro, formando un ático y rematado por una cornisa con balaustrada.
Los pórticos y las fachadas están decorados con motivos de terracota helenizantes, bustos de navegantes, escudos sostenidos por niños indios y bustos de exploradores americanos, siguiendo las directrices del neoclasicismo en una época en la que España ya había perdido todas las colonias americanas continentales. Bajo los arcos se sitúan los comercios, en un espacio que queda resguardado gracias a los porches con bóveda catalana.

El centro de la plaza está presidido por la fuente de las Tres Gràcies, un conjunto de hierro fundido estándar fabricado en los talleres Durenne de París, rodeado por dos farolas de 6 brazos, obra temprana de Antoni Gaudí. En el centro de la plaza y colocadas de forma irregular, destacan las emblemáticas palmeras de diferentes alturas. Estos últimos elementos dan a la Plaça Reial su fisonomía característica.

Pensada originalmente para la burguesía de la época, la Plaça Reial ha sido a lo largo de su historia uno de los epicentros de la bohemia canalla de Barcelona.
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En la Plaça Gran de Granollers, sobre una plataforma de piedras, se levantan quince columnas cubiertas por un tejado de cuatro vertientes con las aristas cubiertas de tejas esmaltadas verdes. El que es el monumento más emblemático de Granollers fue construido entre 1586 y 1587 como una lonja de grano. Hoy se ha convertido en el centro neurálgico de la ciudad.

El proyecto inicial se atribuye al maestro de obras Bartomeu Bruflat y costó 520 libras barcelonesas, según el contracto con la universidad granollerense. Al inicio se utilizó durante el mercado agrícola para cubrir el trigo que se vendía. En 1872 se rodeó con unas rejas y se construyeron paradas en el interior. Hizo su función de mercado general hasta que en 1938 un bombardeo de la aviación franquista dejó la Porxada muy deteriorada. Cuando terminó la guerra en 1939 se reconstruyó sin las rejas ni las paradas, dejando las columnas a la vista como cuando se concibió.

En la esquina sur-occidental de la Porxada, justo delante del ayuntamiento de Granollers, encontramos la Pedra de l’Encant, un bloque de gres rojo que seguramente servía para hacer los encantes públicos (subastas) de productos agrícolas y ganaderos. La leyenda dice que esta piedra la arrastró una riada hasta la Porxada y que estará allí hasta que otra riada se la vuelva a llevar.
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En Cataluña, el gótico duró más tiempo que en otras regiones vecinas. Por tanto, las muestras de arquitectura renacentista son más bien escasas. Uno de los primeros edificos de este estilo que se conservan en Cataluña es el Ayuntamiento de Arnes (Terra Alta). La prueba está en el friso de las seis ventanas principales donde se puede leer, consecutivamente, una inscripción con la fecha de construcción “1584” y el nombre de Joan Vilabona de Queretes.

El edificio, totalmente exento, cuenta con una  entrada porticada. El primer piso está delimitado por las seis ventanas con lindes y medias columnas jónicas adosadas, donde mejor se puede ver la influencia renacentista. Finalmente cierra el conjunto un segundo piso con una galería corrida, actualmente cegada. A pesar de su austeridad, destacamos algunos detalles como las gárgolas o el escudo de armes en una dovela de la puerta central.

El interior está modificado, pero ya no quedaba nada del original del siglo XVI. Desapareció en 1835, durante las guerras carlinas, cuando el edificio fue incendiado.
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En 1927, el coronel zarista exiliado Nicolai Woevodsky y su esposa Dorothy Webster, aristócrata inglesa aficionada a la decoración, buscaban un lugar paradisíaco en el Mediterráneo donde establecerse. Cerca de Calella de Palafrugell, sobre un acantilado de Cap Roig, construyeron un castillo que les ligaría a este sitio el resto de su vida (hasta pidieron ser enterrados allí). El edificio estaba rodeado por un idílico jardín botánico, considerado uno de los más importantes del Mediterráneo.

El propio Nicolai diseñó la mansión, de estilo neomedieval (imitando el monasterio de Poblet), que se empezó a construir en 1931 y se acabó en 1975. Popularmente se conoce como “Cal Rus”, por el origen de su propietario. Aun así, el matrimonio vivió siempre en la finca que da al acceso del jardín botánico. Éste es el principal legado de Dorothy Webster. Ella y un equipo de jardineros de la zona se encargaron de condicionar las 7 hectáreas de terreno para poder plantar diferentes especies. En 1935 eran más de 500 entre flora mediterránea, tropical y subtropical.

Cuando el matrimonio murió, la finca paso a la Fundación Caixa Girona y luego a la Obra Social “la Caixa”, que ha convertido el terreno en un parque de esculturas de artistas contemporáneos con obras de Jorge Oteiza, Jaume Plensa o Xavier Corberó. Cada verano estos jardines acogen un prestigioso ciclo de conciertos: el Festival Jardins de Cap Roig.
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Arquitecto, historiador del arte, político y arqueólogo, Josep Puig i Cadafalch fue un personaje polifacético. Su trayectoria impregnó culturalmente y políticamente la historia de Cataluña entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX: entre el modernismo y el novecentismo

Nació en Mataró en 1867. Tras estudiar arquitectura y ciencias exactas, y de trabajar como arquitecto municipal de su ciudad natal, proyectó un gran número de obras por todo el territorio catalán, especialmente en Barcelona y el Maresme. En Barcelona destacan la casa Martí –Els Quatre Gats–, la casa Amatller, la casa Macaya, la casa Trinxet –ya desaparecida–, la antigua fábrica textil Casarramona –actual sede del CaixaForum–, las columnas con capitel de estilo jonico a los pies de Montjuic, que evocan las cuatro barras de la señera, o la casa de las Punxes, seguramente su obra más conocida popularmente. También diseñó la casa Coll i Regàs de Mataró –era su residencia estival– y la masía el Cros dels Garí, en Argentona. En Sant Sadurní d’Anoia, Puig i Cadafalch construyó las famosas Caves Codorniu.

A parte de su faceta de arquitecto, Puig i Cadafalch se especializó en el estudio del arte románico catalán y europeo, materia sobre la que publicó numerosas obras, e impartió clases en escuelas y universidades de Europa y América del Norte. Entre las más importantes destacan L’arquitectura romànica a Catalunya, La geografia i els orígens del primer art romànic L’escultura romànica a Catalunya. A partir del 1908 impulsó y dirigió las excavaciones de Empúries, a través de la Junta de Museus, hasta el 1923. Fue el fundador del Institut d’Estudis Catalans, el año 1907, y, posteriormente, lo presidió, a la vez que impulsó su recuperación desde la clandestinidad bajo la dictadura franquista. 

Puig i Cadafalch fue también un destacado político catalanista alineado con el conservadurismo de la Liga Regionalista y desde estas posiciones tuvo otras responsabilidades de gobierno. Fue elegido regidor del Ayuntamiento de Barcelona (1901-1905), diputado a las Cortes del reino de España (1907-1909), diputado provincial para Barcelona y presidente del gobierno de la Mancomunitat de Cataluña después de la muerte de Enric Prat de la Riba hasta la dictadura de Primo de Rivera (1917-1923). A partir de entonces abandonó las responsabilidades gubernamentales y situó su actividad política en un segundo término. En 1936, con motivo de los hechos revolucionarios sucedidos al inicio de la Guerra Civil, tuvo de exiliarse a Francia y, al volver, en 1942, el régimen franquista le prohibió ejercer de nuevo como arquitecto. Hasta la fecha de su muerte, en 1956, continuó las investigaciones sobre arte románico e impulsó actos literarios y culturales de carácter catalanista y, a menudo semiclandestinos. 
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Ideado por el artista e ingeniero Miquel Utrillo entre 1910 y 1918, el Palacio de Maricel se convirtió, desde su misma inauguración, en un clásico del estilo Novecentista. Actualmente, el complejo mantiene intacto su gran valor artístico y arquitectónico y se ha convertido en uno de los edificios más emblemáticos de Sitges.

Este conjunto monumental, inspirado en la belleza del arte popular antiguo y moderno, fue un encargo del magnate, coleccionista y filántropo norteamericano Charles Deering (1852-1927), que quería un edificio residencial donde disponer de su magnífica colección de arte hispánico. Con la reforma del antiguo Hospital de San Juan y la posterior anexión de varias casas de pescadores de la calle Fonollar, Utrillo construyó un conjunto excepcional que mereció los elogios de los artistas e intelectuales del momento. Para Joaquim Folch i Torres, el Palacio de Maricel era "el fruto del momento culminante de la civilización catalana moderna".

De líneas austeras y respetando el color blanco característico del barrio, el exterior del Palacio presenta varias terrazas decoradas con cerámica popular y sobresale la torre de San Miguel. La coronan una serie de almenas y en la fachada se aprecia una escultura gótica del santo procedente del puente de Balaguer. A lo largo de todo el edificio se encuentra el característico escudo del sol naciente en rojo sobre el azul del mar, símbolo del Palacio ideado por el mismo Utrillo.

En el interior, el Salón de Oro, el Salón Azul, la Sala Capilla, la Sala Barcos y el claustro -desde donde hay una espléndida panorámica del Mediterráneo- estructuran el Palacio. De la decoración destacan los elementos escultóricos de Pere Jou y los murales del recibidor de Josep M. Sert, inspirados en la Gran Guerra europea. El conjunto se completa con varios elementos artísticos que combinan estética y funcionalidad, obra de numerosos artesanos locales.

Las desavenencias entre Deering y Utrillo significaron el fin del proyecto inicial del Palacio de Maricel. Sin embargo, con la reciente recuperación de la unidad arquitectónica y conceptual y la reordenación museográfica a cargo del Museo de Maricel, este conjunto extraordinario ha recuperado su vocación como espacio dedicado a las artes, el patrimonio y la cultura.
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La Barcelona bohemia de finales del siglo XIX al XX tuvo como rendezvous la cervecería Els Quatre Gats. Situada en los bajos de la Casa Martí, edificio modernista de Josep Puig i Cadafalch, desde 1897 vio desfilar los principales intelectuales del Modernismo.

El propietario del negocio era Pere Romeu, que había trabajado como camarero en el cabaret Le Chat Noir de París. Decidió abrir en Barcelona un negocio similar con comida barata de taberna y música de piano, que rápidamente fue adoptado como lugar de encuentro de artistas. Se celebraban veladas literarias, espectáculos de títeres y de sombras, veladas musicales, lecturas poéticas y sobre todo exposiciones de arte. Santiago Rusiñol, Ramón Casas, Miquel Utrillo, Ricard Opisso, Antoni Gaudí, Enrique Granados, Isaac Albéniz o Lluís Millet eran algunos de sus clientes asiduos. Incluso un jovencísimo Pablo Picasso realizó su primera exposición.

Durante los seis años que estuvo abierto, el local se llenó de cuadros y carteles que realizaban los mismos clientes. El más emblemático es el de Ramon Casas y Pere Romeu en un tándem, que pintó el mismo Casas. En 1901 se sustituyó por otra tela con los mismos personajes en un automóvil. Las dos obras se pueden ver en el MNAC.

Actualmente vuelve a funcionar como bar y restaurante, y conserva la decoración de la época, incluida una reproducción de las dos obras de Casas.
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Pasear por los jardines Artigas de la Pobla de Lillet te transporta inevitablemente el Park Güell de Barcelona. Y es que son obra de la misma mente: Antoni Gaudí.

En 1905, el arquitecto modernista, que se alojó unos días en casa del industrial textil Joan Artigas y Alart, le quiso agradecer la hospitalidad proyectando un jardín naturalista para un terreno que tenía al lado de la fábrica, a orillas del río Llobregat (la denominada Fuente de la Magnesia). Así es como trasladó -a pequeña escala- las bases del Park Güell, donde estaba trabajando en ese momento. En este caso, sin embargo, no es un jardín urbano. Por lo tanto, prescinde de los grandes espacios abiertos y de la cerámica colorista del quebradizo. Todo está realizado principalmente con piedra rocosa y mortero, aprovechando la vegetación de la zona. Es como si el parque se hubiera abierto paso entre la naturaleza.

A lo largo del recorrido el visitante se encontrará una cascada; una cueva artificial con arcos catenarios donde brota la Fuente de la Magnesia; fuentes; dos puentes de piedra; una plaza y, en el punto más alto, la Glorieta, que ejerce de mirador.

El universo gaudiniano está presente en el mínimo detalle del conjunto. Jardineras, barandillas, bancos... Todo imita las formas de una naturaleza caprichosa. Tampoco faltan las referencias cristianas: y es que las esculturas del águila, el león y el buey repartidas por el conjunto, sumadas a un ángel actualmente desaparecido, forman los símbolos de los cuatro evangelistas y estarían dispuestas en forma de cruz sobre el plano del jardín.