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Como consecuencia de las desamortizaciones del siglo XIX, buena parte del patrimonio artístico de la Iglesia se dispersó o privatizó. Durante la Renaixença catalana se intentó recuperar y proteger todo este legado con iniciativas como el Museo de Lleida Diocesano y Comarcal, fundado en 1893 siguiendo el ejemplo del Museo Episcopal de Vic. Actualmente gestiona un importante legado artístico proveniente de las Terres de Ponent y de la antigua Diócesis de Lleida, que cubre desde la prehistoria hasta la edad moderna.

En 2007 se inaugura la nueva sede que plantea criterios de musealización modernos. Durante la visita al museo es necesaria una parada obligatoria ante algunas piezas destacadas. Entre ellas, una cabeza de sátiro romano, frontales de altar del siglo XIII y fragmentos escultóricos románicos y retablos góticos de la Seu Vella. Del Renacimiento y Barroco encontramos obras del pintor Pere Nunyes, esculturas de Gabriel Joly y Damià Forment y varias obras del pintor Antoni Viladomat.

De toda la colección permanente destacan dos piezas únicas: el juego de ajedrez del siglo X-XI de Sant Pere de Àger y la Virgen de Bellpuig de Les Avellanes, una de las obras góticas más importantes del patrimonio catalán.

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El patrimonio musical de Barcelona y Cataluña es inmenso. Y una de las instituciones que más ha contribuido a su conservación, estudio y difusión es el Museo de la Música de Barcelona. Ubicado en la segunda planta de L’Auditori, custodia una colección de 2.000 instrumentos musicales de todo el mundo y de 10.000 documentos sonoros, que han llegado a partir de legados y donaciones. Está considerado como uno de los fondos musicales más importantes de España.

La exposición permanente invita al visitante a vivir el mundo de la música y a entender que los instrumentos son documentos vivos de nuestro pasado, llenos de sentido y de información sobre nuestro patrimonio musical. Durante el recorrido se muestran más de 500 piezas, explicadas a través de recursos audiovisuales, sonoros y textuales.

El itinerario por la exposición permite conocer los instrumentos a partir de la historia de la música: de las antiguas civilizaciones, se avanza por el nacimiento y la difusión de la polifonía, el Barroco, el Clasicismo y el Romanticismo hasta llegar a los nuevos colores y la industria del sonido en el siglo XIX y los nuevos estilos y las nuevas tecnologías del siglo XX.

Los instrumentos de cuerda son los que tienen más representación en el museo y destacan la colección de guitarras y la de instrumentos de teclado. También merecen especial atención los instrumentos de viento, que reflejan su importante tradición constructora catalana y su uso en culturas sudamericanas y asiáticas.

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El Museo del Cine de Girona nace a partir de la excepcional colección de objetos relacionados con el mundo del precine y del cine de Tomàs Mallol formada por 8.000 objetos, 10.000 documentos (fotografías, carteles, grabados, dibujos y pinturas), 800 filmes y 700 libros y revistas. Se inauguró en 1998, convirtiéndose en el primer museo de estas características de España y uno de los pocos existentes a escala europea.

Entrar en el Museo del Cine es un proceso de descubrimiento. Y es que la exposición permanente tiene en el espectador su punto de mira. No es extraño. A lo largo de la historia, el hombre ha estado fascinado por las imágenes en movimiento, desde las primitivas sombras chinescas hasta los primeros años de cine.

Este proceso de descubrimiento está dividido en 10 apartados más un audiovisual que sirve de prólogo a la exposición y un epílogo que hace referencia al cine amateur y el cine infantil. El discurso principal finaliza en los años 30, con la llegada de las primeras televisiones.

Así, se puede entender de forma didáctica y amena cómo funcionaban las linternas mágicas, cajas ópticas, cámaras oscuras, cronofotografías, aparatos para dar movimiento a las primeras imágenes (fenaquistiscopio, zootropos...), proyectores ... Incluso está permitido dejarse engañar por diversas ilusiones ópticas, que demuestran que ya desde muy antiguo, lo más importante es sorprender.

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Paseando por Museo de la Colonia Vidal de Puig-reig podemos conocer cómo eran la vida y el trabajo en una colonia textil catalana de principios del siglo XX. Espacios como la escuela, la fábrica o las viviendas son testigos de la Revolución Industrial en Cataluña.

Instalada al pie del río Llobregat para utilizar el agua como fuente de energía, la Colonia Vidal forma parte de una de las principales concentraciones de colonias textiles de Europa. En el conjunto arquitectónico destacan edificios como la torre del amo, la torre del director, la fábrica, la iglesia, el casino teatro y la casa de la mujer/escuela.

El Museo abrió el 1995, y forma parte del Sistema Territorial del Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña. Propone un itinerario que muestra al visitante servicios de la colonia obrera como las viviendas, la escuela, la biblioteca, la pescadería, el lavadero o las duchas. La visita también incluye una exposición permanente que cuenta el día a día de los hombres y las mujeres que trabajaban en la fábrica.

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Desde el año 1988, el Museo de la Vida
Rural (MVR)
muestra al visitante las características de la vida
tradicional en Cataluña, con especial dedicación a los payeses.
Se trata de uno de los principales centros de conservación e investigación
etnológica del país, con un variado fondo que permite recorrer la historia del
mundo rural catalán a partir de una propuesta museográfica moderna e
innovadora.

La exposición permanente muestra objetos
relacionados con los payeses y los oficios artesanales, piezas que representan
un verdadero poso cultural de nuestra sociedad. El recorrido se estructura por
ámbitos de trabajo: la agricultura, los oficios del pueblo (padre, maestro,
cafetero, pastelero, hilandera, boticario, barbero...) y las tareas
domésticas.

El centro, integrado en la Red de Museos Etnológicos,
forma parte de la Fundación Lluís Carulla y ocupa la casa
solariega que la familia Carulla tenía en L’Espluga de Francolí. El edificio antiguo
fue restaurado y remodelado para albergar las piezas del Museo de la Vida
Rural. En 2010 se levanta un nuevo edificio anexo y la totalidad del museo
se renueva adecuando su discurso expositivo para facilitar
la comprensión del mundo rural desde una óptica contemporánea.

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Estudiar, conservar y divulgar la historia de la ciudad; el Museo de Historia de Barcelona (MUHBA) articula un discurso explicativo sobre la ciudad a través de un extenso fondo y de varios espacios patrimoniales extraordinarios. El museo recopila la cultura material que explica el pasado y el presente y esto se traduce en una colección rica y heterogénea que sigue creciendo. El MUHBA es un espejo de las múltiples caras de la ciudad: un importante núcleo histórico, una ciudad nueva modernista y un conjunto diverso de antiguas poblaciones y barrios de nueva creación.

El conjunto monumental de la plaza del Rei es el núcleo fundacional del Museo de Historia de Barcelona desde que se creó en el año 1943. En el subsuelo de la Casa Padellàs se puede ver una parte importante de la antigua Barcino; la visita permite pasear por las calles de la Barcelona romana, acercarse a la muralla de la época, entrar en una tintorería del siglo II d. C., ver los vestigios de la primera comunidad cristiana de la ciudad, etc. El conjunto se completa con importantes edificios medievales como el Palacio Real y el Salón del Tinell. Pero además de estos espacios emblemáticos, la sede central del MUHBA contiene la exposición permanente, con piezas sobre el antiguo régimen municipal, los gremios y cofradías barcelonesas, la industria de las indianas, la imaginería popular y festiva de la ciudad, la Barcelona decimonónica y la reforma urbana.

Con los años, este núcleo histórico se ha ampliado considerablemente y actualmente recoge hasta 15 espacios patrimoniales distribuidos por la ciudad. Destacan el Templo de Augusto, la Vía Sepulcral Romana, el Call (la Judería), el Park Güell, Santa Caterina, el Turó de la Rovira o la Fabra i Coats, entre otros.

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Las Reales Atarazanas de Barcelona fueron la gran fábrica de galeras que necesitaba la Corona de Aragón en plena expansión por el Mediterráneo. Situadas enfrente del mar y a los pies de Montjuïc, durante muchos años se pensó que eran los astilleros medievales más grandes y completos que se conservaban en el mundo. Pero las excavaciones del año 2012 evidenciaron que, a finales del siglo XVI, sobre el antiguo edificio medieval, se levantaron unos nuevas astilleros que se corresponden en el edificio actual.

El rey Jaume I impulsó la creación de las Atarazanas, aunque fue Pere III que, en colaboración con la ciudad y la Generalitat, les dio el empujón definitivo a finales del siglo XIV. El primer edificio de esta infraestructura fue una gran construcción amurallada con una torre en cada ángulo; posteriormente se empezó a cubrir y ampliar. La gran sala gótica de ocho naves que vemos actualmente data del siglo XVI, aunque mantiene el estilo gótico original. Es un espacio amplio y muy luminoso gracias a los grandes ventanales y cubierto por un techo de madera.

Actualmente el edificio es la sede del Museo Marítimo de Barcelona. La colección se inició en 1929 y se ha ido enriqueciendo a lo largo de los años. Destacan los modelos de barcos, de instrumentos náuticos, de exvotos, de pintura marítima, de mascarones o de cartografía. También son muy populares la réplica de la Galera Real de Juan de Austria y el pailebote de Santa Eulàlia.

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Montserrat es un símbolo para Cataluña y un punto de peregrinaje para creyentes. La gran protagonista es su Virgen, patrona de Cataluña. Esta virgen románica es popularmente conocida como La Moreneta, debido al color de la cara y las manos, oscurecidas por el humo de los cirios.

El monasterio se fundó en 1025 por orden del Abad Oliba, sobre una pequeña ermita que Wifredo el Velloso había dado al Monasterio de Ripoll.

La visita a Montserrat empieza en la basílica del siglo XVI, con restos románicos y estructura gótica. A partir de aquí, desde la plaza de Santa María, punto neurálgico, se puede recorrer todo el conjunto, fruto de la gran reforma del siglo XIX liderada por Josep Puig i Cadafalch.

Imperdible es el Museo de Montserrat. Su colección se inició con los materiales del Oriente bíblico aportados por el padre Bonaventura Ubach de sus viajes. Pero el fondo se ha ido engrosando con obras muy destacables de pintores como Caravaggio, Rusiñol, Casas, Nonell, Picasso, Monet, Sisley, Degas, Pissarro o Dalí.

No es casualidad este museo. Desde el siglo XVII Montserrat ha sido un centro cultural de primer orden y lo demuestra la excepcional biblioteca con más de 250.000 volúmenes del monasterio. Entre las actividades que promueven destaca la Escolanía, que es uno de los coros de niños más antiguos de Europa, documentado desde el siglo XIV.

Cerca de la abadía, se conserva aún el vecino Monasterio de Santa Cecilia, que actualmente se ha convertito en el Espacio de Arte Sean Scully. Destaca la iglesia románica, también reformada en los años 30 por Puig i Cadafalch. Pocos saben que este monasterio fue la primera opción del Abad Oliba para extender sus dominios en Montserrat, pero se encontró con la negativa de la comunidad.

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El Museo Memorial del Exilio (MUME) es el primer equipamiento museístico dedicado a preservar la memoria y el legado del exilio republicano consecuencia de la Guerra Civil española.

Ubicado en La Jonquera, el paso fronterizo por donde huyeron la mayor parte de los exiliados, el MUME se define como un espacio para la memoria, la historia y la reflexión crítica. Un proyecto que no sólo se limita a la labor expositiva sino que impulsa la investigación histórica y la difusión pedagógica.

Su exposición permanente presenta el fenómeno del exilio a lo largo de la historia, haciendo hincapié en la Guerra Civil y la posterior derrota y retirada republicana. La diáspora a través de los Pirineos camino de Francia y la suerte diversa de los miles de refugiados que cruzaron la frontera son uno de los puntos de interés de la muestra. La vivencia del exilio y su legado cultural a partir de testimonios y herencias documentales completan el discurso expositivo.

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Hay que tocar la ciencia. Con esta premisa nació en 1981 el Museo de la Ciencia de la Fundación "la Caixa", el primer museo científico interactivo de España. Este objetivo sigue vigente en su remodelación que ha dado lugar al CosmoCaixa, inaugurado en 2004.

Con un espacio cuatro veces mayor que el primer Museo de la Ciencia, el CosmoCaixa se divide en varias áreas para divulgar el conocimiento científico desde la experimentación. Por ejemplo, el muro geológico muestra diversas estructuras geológicas; la sala de la materia propone un recorrido desde el Big Bang hasta la actualidad; las salas infantiles acogen espacios educativos y lúdicos como el Planetario Burbuja, la sala Flash y Click o la sala Toca, toca!

Incluso hay una réplica exacta de un trozo de bosque inundado de la selva amazónica brasileña de más de 1.000 m². Se puede ver tanto la parte inundada, como la de tierra firme, como la subterránea, con lluvia tropical incluida.

El CosmoCaixa es uno de los museos de la ciencia más modernos del mundo. A pesar de todo, sigue fiel a sus orígenes. Y es que conserva parte del edificio modernista donde se ubicó el primer museo: un antiguo asilo para ciegos del arquitecto Josep Domènech i Estapà construido en 1904 al pie del Tibidabo.