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Estrategia militar y culto religioso se unen en el pico más alto de Cardona. Desde el siglo IX el castillo y la colegiata de Sant Vicenç dominan la comarca y controlan las salinas. Es durante la Guerra de Sucesión, cuando se convierten en un símbolo de la resistencia de los seguidores del archiduque Carlos ante los defensores de Felipe de Anjou: el castillo es la última fortaleza que se rinde a las tropas borbónicas y cae después de la capitulación de Barcelona el 18 de septiembre de 1714.

El conjunto medieval se divide entre los pabellones señoriales y la canónica de Sant Vicenç. El castillo se levanta en el 886 bajo las órdenes del conde de Barcelona, ​​Guifrè El Velloso, pero no se completa hasta unos siglos más tarde. Los elementos más destacados del primer edificio del siglo IX sólo queda la Torre de la Minyona. Durante la primera mitad del siglo XI se construye dentro del recinto de la iglesia de Sant Vicenç, un imponente edificio, de las mejores muestras del primer románico catalán.

Gran ejemplo de fortificación militar medieval, entre los siglos XI y XV el castillo es la residencia de los señores de Cardona, pero con el tiempo pierde su función residencial y gana importancia estratégica. A partir del siglo XVII, la fortaleza actualiza su sistema de defensa con una corona de baluartes.

A pesar de ser uno de los más emblemáticos, Cardona no es el único escenario vinculado en la Guerra de Secesión. La Ruta 1714, impulsada como parte del programa de actividades del Tricentenari, incluye 10 emplazamientos, como El Born de Barcelona, ​​la Universidad de Cervera o la casa-museo Rafael Casanova, entre otros.

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El MNAC se encuentra ubicado en el Palacio Nacional de Montjuïc, construido para la Exposición Internacional de 1929. En 1934 abrió las puertas reuniendo la colección medieval, que poco a poco se fue ampliando con otros periodos. Entre las obras más emblemáticas destacan las magníficas pinturas del ábside de Sant Climent y Santa Maria de Taüll.

Otras piezas de primer orden son las pinturas murales de Santa Maria d’Àneu y Sant Quirze de Pedret, la Majestat Batlló o el Frontal de altar de Avià, pertenecientes al arte románico. Del periodo gótico destacan obras maestras de los pintores Jaume Huguet, Lluís Dalmau, Bernat Martorell y Lluís Borrassà, entre otros.

El arte moderno también tiene un lugar destacado y más desde el año 2014, cuando se renovaron las colecciones, las salas y la museografía de esta cronología. La vicaría, de Marià Fortuny, es una de las obras estrella, seguida de piezas de los artistas más representativos del Modernismo, como Gaudí o Casas, y de los de las vanguardias, como Picasso o Miró.

Grandes pintores europeos del Renacimiento y el Barroco como, por ejemplo, Tiziano o Velázquez, y la colección de fotografía completan el fondo.

La fábrica modernista Vapor Aymerich, Amat i Jover es una de las mejores muestras de la arquitectura industrial modernista de Cataluña. Proyectada por el arquitecto Lluís Muncunill e inaugurada el año 1908, es actualmente la sede central del Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica de Cataluña (MNACTEC).

Con su cubierta característica de tragaluces de bóveda catalana sostenidas por pilares de hierro fundido y una chimenea de 42 m de altura, el edificio acogía todo el proceso de transformación de la lana, desde la entrada en copos hasta la salida en tejidos acabados. El Vapor, nombre con el que se conoce popularmente la fàbrica, proviene de la utilización de la máquina de vapor como fuerza motriz hasta 1914.

Precisamente su pasado fabril es lo que da forma al actual museo. El objetivo del MNACTEC es preservar y difundir el patrimonio científico, técnico e industrial catalán y mostrar su incidencia social. Las exposiciones permanentes hacen un repaso a temas como la industria textil, las fuentes de energia, la informàtica, la química y el transporte, entre otros. 

El MNACTEC también articula un Sistema Territorial que agrupa 26 museos y espacios especializados en patrimonio industrial, ciencia y tecnología. Cada uno de ellos ofrece una visión temática única y explica la industrialización en una parte del territorio catalán, teniendo en cuenta tanto aspectos técnicos como sociales y culturales.

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Eusebi Güell, fiel defensor de la obra de Antonio Gaudí, en 1898 le encargó una iglesia para la colonia textil que había construido en Santa Coloma de Cervelló, cerca de Barcelona.

Su construcción no comenzó hasta 1908, diez años después del encargo. Además, Gaudí abandonó la obra en 1914 y los trabajos se suspendieron definitivamente en 1916, cuando sólo se había construido la cripta.

Pero para Antoni Gaudí, tanto el proyecto como la construcción de la cripta de la colonia Güell fueron un laboratorio de ensayo, donde experimentó soluciones arquitectónicas y nuevas técnicas estructurales que luego utilizó en la Sagrada Família. Realizó atrevidas probaturas, utilizando el ladrillo y la piedra para la construcción de estructuras arquitectónicas llevadas a sus límites, como los arcos parabólicos o las columnas y paramentos inclinados.

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Ubicada en el barrio barcelonés de Gracia, la Casa Vicens fue el primer trabajo importante del arquitecto Antoni Gaudí. La vivienda es uno de los siete edificios del genial arquitecto declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005.

Construida entre los años 1883 y 1888, la casa presenta diferentes volúmenes separados por ángulos escalonados, en un concepto opuesto al de La Pedrera en la que predominan las líneas onduladas. La construcción desprende un toque oriental y mudéjar, de moda en la época, con la fachada cubierta de azulejos verdes y blancos. Una clara alusión a Manuel Vicens i Montaner, corredor de cambio y bolsa y el hombre que confió en Gaudí para diseñar su futura vivienda. Para la decoración, Gaudí se inspiró en las plantas que crecían en el jardín de la finca, utilizando la naturaleza por primera como inspiración para la arquitectura.

En el interior sigue predominando el estilo mudéjar, que se manifiesta especialmente en la habitación llamada "fumador". Los techos, ornamentaciones en forma de plantas y flores multicolores completan un conjunto exótico y sorprendente que hizo furor entre la élite barcelonesa de la época.

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En 1885, Eusebi Güell encargó a Antoni Gaudí su residencia en el centro de Barcelona, concretamente en la calle Nou de la Rambla. Gaudí concibió un edificio solemne y ostentoso, y empleó materiales ricos y costosos, como mármoles o maderas nobles. La sobriedad de la fachada, probablemente debida a su emplazamiento en un solar pequeño de una calle estrecha, contrasta con la fastuosidad de su interior. Unos arcos parabólicos en la fachada, ornamentados con rejas de hierro forjado, dan acceso a una entrada amplia, que permitía el ingreso de caballos y de carruajes.

El edificio se articula a través de un salón central cubierto por una magnífica cúpula que sobrepasa la altura de la azotea y que, a través de perforaciones en forma de estrella, permite la entrada de luz solar. El salón, con una capilla adosada, está ricamente decorado con columnas, vidrieras y rejas, y distribuye el resto de estancias, todas ellas con vidrieras y mobiliario ornamentado. El palacio también dispone de unos amplios establos en el sótano, una prestación que pocas casas tenían.

También es innovador el uso de chimeneas situadas en la azotea del edificio, elementos muy presentes en la imaginativa decoración de Gaudí. Es precisamente en estas chimeneas donde el arquitecto utilizó por primera vez uno de los recursos decorativos que más le han caracterizado: el trencadís.

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La Casa Milà es uno de los edificios más singulares de Antoni Gaudí. Situada en pleno paseo de Gràcia de Barcelona, rompe con la fisonomía de la avenida. Se trata de un edificio construido en torno a dos patios interiores con sótano, planta baja, principal, 4 pisos, buhardilla y azotea. Gaudí resuelve la estructura del edificio a base de pilares de piedra, ladrillo y hierro y se sirve principalmente delarco catenario y del parabólico.

Generó mucha controversia durante su construcción, a principios de 1900. Los barceloneses la bautizaron con el apodo de La Pedrera, refiriéndose al tipo de piedra, blanco cremoso, que provenía de las canteras del Garraf y Vilafranca del Penedès.

Muchos también la describen como un gran barco que remonta el paseo de Gràcia. Y es que su fachada se caracteriza por las continuas ondulaciones y aberturas de la piedra para facilitar la iluminación y la ventilación del interior.

El edificio disponía de 20 viviendas que se alquilaron a familias acomodadas de la época. El matrimonio Milà, propietario de la finca, se instaló en la planta noble. La Pedrera, sin embargo, no es un edificio residencial convencional. El objetivo de Gaudí era crear viviendas en movimiento, en que cada una pudiera tener su propia distribución según las necesidades de cada inquilino.

Corona el edificio la azotea, rematada con el conjunto de 7 chimeneas, recubiertas de cal, trencadís blanco y vidrio. Escenifican las cabezas de 7 guerreros mitológicos que desde este paisaje casi irreal vigilan la ciudad.

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Con un estilo original, fantástico y lleno de imaginación, la Casa Batlló es una de las obras más representativas del arquitecto Antoni Gaudí. Situada en el Paseo de Gràcia de Barcelona e inspirada en la naturaleza, es un prodigio de diseño ornamental y una obra maestra de forma, color y luz. Por todo ello, fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.

Sin duda, la fachada es el elemento arquitectónico más singular de la Casa Batlló; la combinación de piedra, hierro forjado, trencadís de vidrio y cerámica policromada la convierten en una de las más creativas y originales diseñadas por el arquitecto.

En la parte superior, el tejado tiene forma de lomo de animal con unas grandes escamas tornasoladas. Coronan el conjunto piezas esféricas de grandes dimensiones que parecen crestas y hacen pensar en la figura de un dragón o un animal fantástico similar. Otro elemento destacado de la fachada es la torre coronada por una cruz de cuatro brazos, así como el diseño de temas acuáticos que decora los muros. Los balcones en forma de antifaz y la galería del piso principal simulando huesos son dos atractivos más del edificio.

En el interior destacan, entre otros elementos, el techo del salón principal, los conjuntos de chimeneas de la azotea, la escalera principal y los arcos parabólicos de la buhardilla, que crean espacios diáfanos y ventilados adelantados a su época.

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Tarragona y su entorno conservan vestigios de primer orden de la huella romana en la península ibérica. El conjunto arqueológico de Tarraco fue declarado Patrimonio Mundial el año 2000: el desarrollo urbanístico de la ciudad, así como la densidad y la calidad de los restos, lo convierten en un bien universal e incomparable.

El conjunto arqueológico incluye varios monumentos del siglo III a. C. hasta el VI d. C., que se encuentran en muy buen estado de conservación. Todos ellos son característicos de una capital de provincia como fue la antigua Tarraco. Destacan las murallas como construcción más antigua de la ciudad y ejemplo de ingeniería militar. Del foro, la gran plaza donde se concentraba buena parte de la vida pública, se conserva un tramo del porticado de la basílica y parte de una calle; el resto del conjunto estaría aún bajo la trama de edificaciones modernas existentes.

Elteatro se levantó en un área fuera de la muralla muy cercana al foro aprovechando la pendiente del terreno, como era habitual. Se conservan de forma parcial los tres elementos estructurales que definen un teatro romano: cavea (o grada), orchestra y scaena. En el circo, el espacio donde se disputaban las carreras de carros, se puede apreciar actualmente gran parte de las bóvedas y algunos tramos de gradería, restos de la fachada exterior y del podium, así como algunas de las monumentales puertas de acceso al edificio.

Pero sin duda, el anfiteatro es la construcción más icónica de la huella romana en la ciudad, y completa la trilogía de edificios de espectáculos. Presenta la característica arena -donde se desarrollaban los espectáculos, rodeada por la cavea para acomodar el público; los restos visibles actualmente en la arena corresponden a una basílica y a la iglesia románica de Santa Maria del Miracle (s. XII), construidas en el mismo lugar en que sufrieron martirio los santos tarraconenses Fructuoso, Augurio y Eulogio.

En las afueras de la ciudad, cerca del río Francolí, la necrópolis paleocristiana conforma una de las áreas de enterramiento más extensas de Tarraco: cementerio excepcional, está considerado de los más grandes e importantes de todo el occidente del Imperio romano, con más de 2.000 inhumaciones.

En las proximidades de Tarraco encontramos otras construcciones de gran relevancia como por ejemplo el acueducto de Les Ferreres (Puente del Diablo), el arco honorífico de Barà, el mausoleo de Centcelles, la cantera de El Mèdol o lavilla de Els Munts, entre otros.

Fundada como campamento militar por Cneo Cornelio Escipión, Tarraco prosperó tanto gracias a su situación costera como por su emplazamiento en relación a las vías terrestres hacia el interior peninsular. Así pues, la ciudad se convirtió en colonia romana, cabeza de un conventus -demarcación judicial- y capital de la provincia de la Hispania Citerior o Tarraconense.

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Famoso sobre todo por su impresionante claustro románico, el Monasterio de Sant Cugat, regido por la orden benedictina, contiene elementos prerrománicos, góticos y renacentistas.

Construido entre los siglos IX y XIV, en la iglesia encontramos la clásica planta basilical de tres naves y tres ábsides, que se asientan sobre los restos de un castrum romano. El templo se caracteriza por la sobriedad del románico en la falta de decoración y la poca luz, y la grandiosidad del gótico gracias al cimborrio del siglo XIII: una construcción de ocho caras con grandes ventanas.

La prosperidad del siglo XII propició la construcción del primer piso del claustro, formado por largas galerías con arcos de medio punto que descansan sobre parejas de columnas y varios pilares. Pero lo que seguro atrapa la mirada del visitante son los 144 capiteles románicos.

Esculpidos en piedra procedente de Montjuïc entre finales del siglo XII y XIII, encontramos en ellos un hecho totalmente insólito: la firma de su autor. Así, sabemos que el escultor Arnau Cadell se autorretrató en un capitel corintio y escribió en latín: "Esta es la figura del escultor Arnau Cadell, que tal claustro construyó en perpetuidad".