Entre Cambrils y Montbrió del Camp encontramos una de las mejores muestras de jardinería romántica del Mediterráneo. El Parque Samà es una mezcla de jardín botánico y zoológico y bosque autóctono, que hoy en día sigue seduciendo a sus visitantes gracias a la belleza y la armonía del conjunto y a su delicado exotismo.
El promotor del parque fue Salvador Samà i Torrents, marqués de Marianao, perteneciente a una familia de indianos que se había establecido en Cuba y que quiso trasladar a la comarca de El Baix Camp el ambiente de la antigua colonia. El proyecto lo ejecutó Josep Fontserè i Mestre, autor de la gran cascada del parque de la Ciutadella de Barcelona.
En 1881 se inició la plantación del parque con largas hileras de plátanos, mandarinos, tilos , castaños de indias, nenúfares, palmeras y yuca, entre otras especies vegetales. Posteriormente, el parque acogió los animales del zoo privado del marqués, que se exhibían en varios habitáculos y jaulas. Igualmente importantes en la composición del parque son los elementos arquitectónicos: el palacio, el estanque y la cascada, el Pabellón de los Loros y la Torre del Ángulo son los que más destacan.
Las Reales Atarazanas de Barcelona fueron la gran fábrica de galeras que necesitaba la Corona de Aragón en plena expansión por el Mediterráneo. Situadas enfrente del mar y a los pies de Montjuïc, durante muchos años se pensó que eran los astilleros medievales más grandes y completos que se conservaban en el mundo. Pero las excavaciones del año 2012 evidenciaron que, a finales del siglo XVI, sobre el antiguo edificio medieval, se levantaron unos nuevas astilleros que se corresponden en el edificio actual.
El rey Jaume I impulsó la creación de las Atarazanas, aunque fue Pere III que, en colaboración con la ciudad y la Generalitat, les dio el empujón definitivo a finales del siglo XIV. El primer edificio de esta infraestructura fue una gran construcción amurallada con una torre en cada ángulo; posteriormente se empezó a cubrir y ampliar. La gran sala gótica de ocho naves que vemos actualmente data del siglo XVI, aunque mantiene el estilo gótico original. Es un espacio amplio y muy luminoso gracias a los grandes ventanales y cubierto por un techo de madera.
Actualmente el edificio es la sede del Museo Marítimo de Barcelona. La colección se inició en 1929 y se ha ido enriqueciendo a lo largo de los años. Destacan los modelos de barcos, de instrumentos náuticos, de exvotos, de pintura marítima, de mascarones o de cartografía. También son muy populares la réplica de la Galera Real de Juan de Austria y el pailebote de Santa Eulàlia.
Definida por el dramaturgo Àngel Guimerà como una de las catedrales del vino, la bodega modernista de Pinell de Brai es la expresión arquitectónica del cooperativismo agrario en Cataluña de finales de siglo XIX. Su construcción se encarga a Cèsar Martinell el 1919 que utiliza todos los elementos de la arquitectura tradicional catalana, la estética modernista, y lo enriquece con las innovaciones técnicas de su maestro Antoni Gaudí.
La luz que se filtra entre los ventanales, la planta que recuerda a la de una iglesia y la sensación de amplitud recrea el interior de una catedral gótica. Pero más allá de la belleza arquitectónica del edificio, Martinell crea un espacio funcional destinado a la producción de vino. Por ello, incorpora importantes innovaciones técnicas: la estructura de naves basada en arcos parabólicos, el sistema de ventilación a través de grandes ventanales o el aislamiento en cámaras de los recipientes para la elaboración del vino.
El elemento más característico de la bodega es sin duda el friso de cerámica vidriada de la fachada diseñado por el pintor Francesc Xavier Nogués, en el que se suceden escenas de la vendimia y de la elaboración del vino y el aceite. A pesar de su espectacularidad, por falta de presupuesto se eliminó del proyecto inicial y no se incorporó hasta 1949.
¿Quién ha dicho que un hospital debe ser blanco y despojado de decoración? Gracias al legado del banquero Pau Gil, en 1902 el arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner proyectó un hospital lleno de belleza, rico en ornamentación, colores y vegetación.
Se trata de un complejo monumental formado por 27pabellones de ladrillo rojo en la frontera entre el Eixample y el Guinardó. Una auténtica ciudad hospitalaria donde, rodeados de jardines, se distribuyen los servicios médicos y generales, los departamentos y una iglesia. Todos ellos conectados mediante una red subterránea de pasillos de 2 Km de longitud que permite el traslado de enfermos sin salir al exterior.
El proyecto de Domènech i Montaner, que terminó su hijo en 1930, es una concepción arquitectónica y urbanística totalmente innovadora en relación a las tipologías de hospital vigentes hasta principios de siglo XX. Sigue la corriente higienista: separa los servicios para evitar contagios y favorece la luz natural y los espacios abiertos, para renovar el aire y hacer la convalecencia más agradable a los pacientes.
Después de más de 80 años de actividad sanitaria, en 2009 el hospital se trasladó a unas nuevas instalaciones. Una vez vacíos y readaptados, los pabellones modernistas de Domènech i Montaner acogen diferentes instituciones.
Hay que tocar la ciencia. Con esta premisa nació en 1981 el Museo de la Ciencia de la Fundación "la Caixa", el primer museo científico interactivo de España. Este objetivo sigue vigente en su remodelación que ha dado lugar al CosmoCaixa, inaugurado en 2004.
Con un espacio cuatro veces mayor que el primer Museo de la Ciencia, el CosmoCaixa se divide en varias áreas para divulgar el conocimiento científico desde la experimentación. Por ejemplo, el muro geológico muestra diversas estructuras geológicas; la sala de la materia propone un recorrido desde el Big Bang hasta la actualidad; las salas infantiles acogen espacios educativos y lúdicos como el Planetario Burbuja, la sala Flash y Click o la sala Toca, toca!
Incluso hay una réplica exacta de un trozo de bosque inundado de la selva amazónica brasileña de más de 1.000 m². Se puede ver tanto la parte inundada, como la de tierra firme, como la subterránea, con lluvia tropical incluida.
El CosmoCaixa es uno de los museos de la ciencia más modernos del mundo. A pesar de todo, sigue fiel a sus orígenes. Y es que conserva parte del edificio modernista donde se ubicó el primer museo: un antiguo asilo para ciegos del arquitecto Josep Domènech i Estapà construido en 1904 al pie del Tibidabo.
En el antiguo edificio de la Casa de la Caridad de Barcelona, en un equipamiento totalmente moderno, encontramos un centro cultural de referencia europea. Se trata del Centro de Cultura Contemporánea (CCCB), que desde 1994 trabaja para la investigación creativa y en la producción de conocimiento. Tiene como eje central la ciudad y la cultura urbana y como objetivo vincular el mundo académico con la creación y la ciudadanía.
Y través de proyectos propios. Los más significativos son las exposiciones temáticas, que generan debate y conocimiento en torno a los temas que perfilan la actualidad. Asimismo, también ha instaurado otras formas de intercambio cultural como debates internacionales, el CCCB Lab, la plataforma de literatura Kosmopolis o el proyecto de cine experimental Xcèntric. Todos ellos son proyectos que tratan de manera integrada la cultura del siglo XXI y las grandes transformaciones de la era digital.
El CCCB dispone de un fondo (Archivo CCCB y Archivo Xcèntric) donde conserva la documentación relacionada con todos los proyectos que se han ido realizando desde su inauguración. Este archivo está disponible para todo el mundo desde 2008.
Visitar el Centro de Cultura Contemporánea es entrar en un espacio de reflexión sobre qué es la cultura urbana. El mismo edificio, remodelado por Helio Piñón y Albert Viaplana, estructurado alrededor del Patio de las Mujeres, invita a ello. Es recomendable subir hasta el mirador antes de terminar la visita.
Junto a la catedral de Vic, el Museo Episcopal es un referente en arte medieval catalán y expone obras maestras de pintura y escultura del románico y del gótico (entre los siglos XII y XV). El centro, con más de 29.000 piezas, está especializado en arte litúrgico.
El extenso fondo románico permite seguir con precisión la evolución iconográfica y estilística del románico catalán. Una de las piezas estrella del museo es el grupo escultórico del Descendimiento de Erill la Vall. Descubierto por la expedición hecha por el Instituto de Estudios Catalanes al Valle de Boí de 1907, esta obra del Maestro de Erill está considerada como uno de los conjuntos escultóricos más importantes del románico europeo del siglo XII.
Destaca también el Baldaquín de la iglesia parroquial de Ribes, una de las obras maestras que custodia el museo. Otras piezas a tener en cuenta son el frontal de altar de Sant Andreu de Sagàs, el frontal de Sant Pere de Ripoll o la Virgen de Santa Maria de Lluçà.
Además de su fondo de primer orden, el museo destaca también por un proyecto museológico moderno e innovador. Fue galardonado en 2001 con el Premio Nacional de Patrimonio Cultural por su contribución a la difusión del arte medieval catalán.
Cuna de Cataluña. Así es como se conoce al Monasterio de Santa Maria de Ripoll y no es extraño. Fundado por el conde Guifré el Velloso el año 879, bajo la dirección del abad Oliba se convierte en un centro religioso y cultural de primer orden, con un templo románico amplio y majestuoso y un scriptorium con una gran producción literaria, a la altura de la de otras abadías europeas de este periodo.
La portalada del monasterio, del siglo XII, es la gran protagonista del conjunto. Da la bienvenida a fieles y curiosos y es una de las grandes piezas escultóricas del románico europeo. Está totalmente esculpida con escenas del Antiguo Testamento y alegorías. De ahí que se la conozca como "la Biblia de piedra". Su monumentalidad da testimonio de la grandeza que vivió Ripoll. No en vano, durante muchos años el monasterio fue también el panteón de los condes de Besalú y de Girona.
El edificio pasó por varias ampliaciones y reconstrucciones motivadas por la falta de espacio, incendios, un terremoto y pillajes. En 1886, el obispo de Vic, Josep Morgades, encarga la reconstrucción del monasterio al arquitecto Elies Rogent. Ripoll recupera la iglesia y el claustro del monasterio del siglo XI con una interpretación neorrománica.
Actualmente Santa Maria de Ripoll se puede visitar y se ha habilitado un centro de interpretación y una exposición permanente sobre el scriptorium, en la que se explica su importancia.
¿Es posible sentirse como un burgués de principios del siglo XX visitando un monasterio románico? Sant Benet de Bages demuestra cómo el patrimonio se adapta a nuevos usos con el tiempo. En este caso, pasa de monasterio medieval a residencia de verano de la familia de Ramon Casas y actualmente es un complejo turístico y cultural.
La primera iglesia (prerrománica) se consagraba el año 972 con una comunidad de doce monjes. Sin embargo, es a partir del siglo XII que la abadía vive su época de esplendor, con la construcción de una nueva iglesia y el claustro. Este último es la estrella románica del conjunto. Entre los pilares se abren arcos de medio punto que descansan sobre columnas dobles con capiteles esculpidos, todos ellos originales.
Fruto de la desamortización de Mendizábal, el monasterio se abandonó. Fue en 1907, que Elisa Carbó i Ferrer, madre del pintor Ramon Casas, compró los terrenos de Sant Benet y aprovechó las estancias de la comunidad monástica para habilitarlas como residencia. La rehabilitación fue a cargo de otro nombre ilustre: Josep Puig i Cadafalch. Destaca la terraza de mediodía de estilo modernista que ocupa parte de las antiguas celdas de los monjes.
Actualmente, gracias a las nuevas tecnologías, se puede realizar una inmersión en la historia monástica y el pasado modernista del edificio. Pero no sólo eso. El año 2007 se inauguró en torno al monasterio el complejo Món Sant Benet que, además de difundir el patrimonio, también trabaja para la gastronomía y el paisaje.
El Museo Pau Casals es uno de los testimonios más significativos del legado de Pau Casals, uno de los músicos catalanes más universales, que revolucionó el mundo de la música por la innovación en la interpretación con violonchelo.
El edificio que ocupa es la Vil·la Casals, que en 1910 el músico hizo construir en el paseo marítimo de Sant Salvador, El Vendrell. Concebida inicialmente como una casa de veraneo, fue reformada siguiendo el estilo novecentista, con la Sala de la Música, el jardín y el mirador. Casals residió allí hasta 1939, cuando tuvo que exiliarse, y nunca más volvió.
En 1972, el músico y su esposa, Marta Montañez, crearon la Fundación Pau Casalspara preservar el patrimonio que tenían en la casa de Sant Salvador. Tras su muerte, se abrió al público la Sala del Sentimiento, la Sala de Conciertos y la del Vigatà y en 1976 se inauguró la casa como museo.
En el actual museo, inaugurado en 2001, el visitante puede admirar varias esculturas, pinturas, instrumentos musicales, fotografías, autógrafos, muebles y otros objetos personales del músico, además de participar en diversas actividades destinadas el impulso y la divulgación de la música.