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La Basílica Expiatoria de la Sagrada Família es uno de los ejemplos más brillantes del modernismo catalán y se ha convertido en todo un símbolo de Barcelona. Seguramente es el monumento inacabado que atrae más visitantes en el mundo. Y es que Antoni Gaudí depositó en ella todos sus esfuerzos y conocimiento hasta el momento de su muerte, aunque sólo vio finalizados la cripta, el ábside y la fachada de la Natividad con uno de los campanarios. Estos espacios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad el 2005.

La construcción de la Sagrada Família comienza en 1882 con la cripta situada debajo del ábside, según un primer diseño neogótico. Cuando el encargo pasa a manos de Gaudí lo transforma totalmente y adapta el proyecto a sus ideales naturalistas. Uno de los tesoros de la cripta es el mosaico de estilo romano del suelo. Tampoco se debe pasar por alto el retablo dedicado a la Sagrada Familia del escultor Josep Llimona. Precisamente en este entorno íntimo y místico es donde descansa actualmente Antoni Gaudí, concretamente en la capilla del Carme.

Una vez finalizada la cripta y el ábside, Gaudí se plantea un proyecto más ambicioso y complejo, basado en una minuciosa simbología y grandes audacias constructivas formales a partir del arco parabólico. De aquí nace la fachada de la Natividad. Según Gaudí: "Si en vez de esta fachada decorada, ornamentada y turgente hubiera empezado por la de la Pasión, dura, pelada y hecha como de huesos, la gente se habría retraído". Así, la convierte en un libro de piedra detallado sobre los episodios de la infancia de Jesús.

Después de Gaudí, la construcción pasó por décadas de lenta evolución. Con el interés posterior por la obra de Gaudí, el número de visitantes ha aumentado exponencialmente en los últimos años y las obras de construcción del templo han avanzado con rapidez siguiendo las maquetas y apuntes que dejó el maestro. El interior de la nave de la iglesia es un nuevo atractivo y está previsto que en 2026 el edificio que soñó Gaudí esté terminado.

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Ubicado en el centro de la ciudad de Barcelona, el Parque de la Ciutadella no sólo es un referente como espacio verde: su gran diversidad de elementos (museos, lago, cascada, vegetación centenaria, esculturas...) hacen que sea especialmente valorado por los vecinos y visitantes de la ciudad. Construido en la segunda mitad del siglo XIX con motivo de la Exposición Universal de 1888, el actual parque ocupa los terrenos de la ciudadela que ordenó construir Felipe V tras la Guerra de Sucesión.

De los pabellones levantados durante la Exposición Universal se conservan el Castillo de los Tres Dragones (sede del Museo de Zoología de Barcelona), el Umbráculo y el Invernadero. Pero donde se centran todas las miradas es en el lago y la cascada monumental. Un joven Antoni Gaudí participó en la construcción de la fuente, coronada por una escultura de hierro forjado.

En la antigua plaza de armas de la fortaleza encontramos la sede del Parlamento de Cataluña y, muy cerca, se puede ver una copia de El desconsuelo, de Josep Llimona. Esta réplica es la más destacada del centenar de esculturas que el visitante puede contemplar en el parque.

El acceso principal a La Ciutadella es por el paseo de Lluís Companys, que encabeza el imponente Arco de Triunfo modernista y que perfila una de las postales urbanas más bellas de la ciudad.

Durante muchos años, La Ciutadella fue el único parque de la ciudad, y el primero de los actuales que se diseñó específicamente como espacio público. Su versatilidad convierte el pulmón verde de Barcelona en escenario de actividades lúdicas y culturales.

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Santa Caterina, inaugurado en 1848, fue el primer mercado cubierto de Barcelona. Desde 2005, la cubierta vuelve a ser su elemento diferenciador. Y es que la última reforma ha convertido al mercado en un referente de la arquitectura contemporánea y un punto de interés turístico. El tejado ondulante y lleno de colores es ya un nuevo símbolo de Barcelona.

En 1997 los arquitectos Enric Miralles y Benedetta Tagliabue reformaron el mercado originario obra de Josep Mas i Vila. El proyecto sólo mantiene 3 de las 4 fachadas originales y levanta un esqueleto de hierro, acero y hormigón que, en el interior del edificio, sobresale entre la estructura de arcos de madera que forman el techo.

Pero sin duda el protagonismo del nuevo mercado se lo lleva el tejado: una enorme estructura ondulada cubierta por 200.000 hexágonos de cerámica de 67 colores diferentes. Obra del ceramista Toni Cumella, representa las frutas y verduras que se venden en las puestos del mercado y llena la zona de luz y color.

La puesta en marcha del mercado ha contribuido a dinamizar el barrio. Ahora se reúnen bajo el mismo techo las paradas de producto fresco, un supermercado, restaurantes y la exhibición de los restos del antiguo convento dominico.

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En el antiguo edificio de la Casa de la Caridad de Barcelona, en un equipamiento totalmente moderno, encontramos un centro cultural de referencia europea. Se trata del Centro de Cultura Contemporánea (CCCB), que desde 1994 trabaja para la investigación creativa y en la producción de conocimiento. Tiene como eje central la ciudad y la cultura urbana y como objetivo vincular el mundo académico con la creación y la ciudadanía.

Y través de proyectos propios. Los más significativos son las exposiciones temáticas, que generan debate y conocimiento en torno a los temas que perfilan la actualidad. Asimismo, también ha instaurado otras formas de intercambio cultural como debates internacionales, el CCCB Lab, la plataforma de literatura Kosmopolis o el proyecto de cine experimental Xcèntric. Todos ellos son proyectos que tratan de manera integrada la cultura del siglo XXI y las grandes transformaciones de la era digital.

El CCCB dispone de un fondo (Archivo CCCB y Archivo Xcèntric) donde conserva la documentación relacionada con todos los proyectos que se han ido realizando desde su inauguración. Este archivo está disponible para todo el mundo desde 2008.

Visitar el Centro de Cultura Contemporánea es entrar en un espacio de reflexión sobre qué es la cultura urbana. El mismo edificio, remodelado por Helio Piñón y Albert Viaplana, estructurado alrededor del Patio de las Mujeres, invita a ello. Es recomendable subir hasta el mirador antes de terminar la visita.

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Durante la transformación de la Catedral de Barcelona en el siglo XIV, los parroquianos del barrio de La Ribera decidieron levantar otra iglesia que acabaría siendo uno de los grandes referentes del gótico catalán.

El rey Alfons el Benigno puso la primera piedra del templo en marzo de 1329 para coronar la conquista de Cerdeña y la expansión del dominio catalán por el Mediterráneo. La catedral del mar se construyó en un tiempo récord: tan sólo 54 años. Todo el barrio de La Ribera participó con dinero y bajando una a una las piedras de La Foixarda, la cantera de Montjuïc.

Observada desde el exterior, Santa Maria del Mar es una construcción compacta, lisa, sin grandes aberturas ni ornamentos. En cambio por dentro, la ordenación se aleja de la típica configuración de la época para dar lugar a un único espacio diáfano. Y es que las naves están construidas de tal forma que parecen una sola.

Hay que prestar especial atención a la luz. Su estructura de bloque compacto hace que entre nítida por los cuatro costados de la iglesia, sin crear las sombras y los juegos de luz típicos de los templos góticos. Es especialmente destacable el rosetón, de estilo flamígero.

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Ubicada en el corazón del barrio gótico barcelonés, el edificio de la catedral se construyó a lo largo de 150 años, entre los siglos XIII y XV. El lugar escogido fue el mismo donde había existido previamente una catedral románica y, antes, un templo paleocristiano. El templo está dedicado a la Santa Creu y a Santa Eulàlia, patrona de la ciudad.

La catedral de Barcelona es un bello ejemplo del gótico catalán, alejado de la verticalidad del francés. Una curiosidad de esta construcción es que tiene el cimborrio a pie de la nave, casi al lado de la fachada principal. De esta manera la tribuna real queda igual de iluminada que el altar mayor.

Este cimborrio y la fachada son de finales del siglo XIX y principios del XX. La fachada se levantó con motivo de la Exposición Universal de 1888 siguiendo el estilo neogótico.

Es uno de los elementos más significativos del templo junto con el claustro gótico (es imprescindible ver "l’ou com balla" (el huevo bailando) el día de Corpus, que consiste en hacer bailar un huevo vacío sobre el rayo del surtidor de la fuente) y la cripta de Santa Eulàlia con el sarcófago de alabastro ricamente esculpido

Igualmente destacable es la colección de retablos, que ocupan las capillas interiores, entre los que está el Retablo de la Transfiguración, de Bernat Martorell.

Asimismo, el coro constituye uno de los conjuntos escultóricos más notables del gótico internacional en Cataluña. Iniciado en el siglo XIV, en el XVI se complementa con mamparas con escenas en relieve del Antiguo Testamento y la Pasión y las pinturas heráldicas de los sillerías.

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Junto a la catedral de Vic, el Museo Episcopal es un referente en arte medieval catalán y expone obras maestras de pintura y escultura del románico y del gótico (entre los siglos XII y XV). El centro, con más de 29.000 piezas, está especializado en arte litúrgico.

El extenso fondo románico permite seguir con precisión la evolución iconográfica y estilística del románico catalán. Una de las piezas estrella del museo es el grupo escultórico del Descendimiento de Erill la Vall. Descubierto por la expedición hecha por el Instituto de Estudios Catalanes al Valle de Boí de 1907, esta obra del Maestro de Erill está considerada como uno de los conjuntos escultóricos más importantes del románico europeo del siglo XII.

Destaca también el Baldaquín de la iglesia parroquial de Ribes, una de las obras maestras que custodia el museo. Otras piezas a tener en cuenta son el frontal de altar de Sant Andreu de Sagàs, el frontal de Sant Pere de Ripoll o la Virgen de Santa Maria de Lluçà.

Además de su fondo de primer orden, el museo destaca también por un proyecto museológico moderno e innovador. Fue galardonado en 2001 con el Premio Nacional de Patrimonio Cultural por su contribución a la difusión del arte medieval catalán.

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Cuna de Cataluña. Así es como se conoce al Monasterio de Santa Maria de Ripoll y no es extraño. Fundado por el conde Guifré el Velloso el año 879, bajo la dirección del abad Oliba se convierte en un centro religioso y cultural de primer orden, con un templo románico amplio y majestuoso y un scriptorium con una gran producción literaria, a la altura de la de otras abadías europeas de este periodo.

La portalada del monasterio, del siglo XII, es la gran protagonista del conjunto. Da la bienvenida a fieles y curiosos y es una de las grandes piezas escultóricas del románico europeo. Está totalmente esculpida con escenas del Antiguo Testamento y alegorías. De ahí que se la conozca como "la Biblia de piedra". Su monumentalidad da testimonio de la grandeza que vivió Ripoll. No en vano, durante muchos años el monasterio fue también el panteón de los condes de Besalú y de Girona.

El edificio pasó por varias ampliaciones y reconstrucciones motivadas por la falta de espacio, incendios, un terremoto y pillajes. En 1886, el obispo de Vic, Josep Morgades, encarga la reconstrucción del monasterio al arquitecto Elies Rogent. Ripoll recupera la iglesia y el claustro del monasterio del siglo XI con una interpretación neorrománica.

Actualmente Santa Maria de Ripoll se puede visitar y se ha habilitado un centro de interpretación y una exposición permanente sobre el scriptorium, en la que se explica su importancia.

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¿Es posible sentirse como un burgués de principios del siglo XX visitando un monasterio románico? Sant Benet de Bages demuestra cómo el patrimonio se adapta a nuevos usos con el tiempo. En este caso, pasa de monasterio medieval a residencia de verano de la familia de Ramon Casas y actualmente es un complejo turístico y cultural.

La primera iglesia (prerrománica) se consagraba el año 972 con una comunidad de doce monjes. Sin embargo, es a partir del siglo XII que la abadía vive su época de esplendor, con la construcción de una nueva iglesia y el claustro. Este último es la estrella románica del conjunto. Entre los pilares se abren arcos de medio punto que descansan sobre columnas dobles con capiteles esculpidos, todos ellos originales.

Fruto de la desamortización de Mendizábal, el monasterio se abandonó. Fue en 1907, que Elisa Carbó i Ferrer, madre del pintor Ramon Casas, compró los terrenos de Sant Benet y aprovechó las estancias de la comunidad monástica para habilitarlas como residencia. La rehabilitación fue a cargo de otro nombre ilustre: Josep Puig i Cadafalch. Destaca la terraza de mediodía de estilo modernista que ocupa parte de las antiguas celdas de los monjes.

Actualmente, gracias a las nuevas tecnologías, se puede realizar una inmersión en la historia monástica y el pasado modernista del edificio. Pero no sólo eso. El año 2007 se inauguró en torno al monasterio el complejo Món Sant Benet que, además de difundir el patrimonio, también trabaja para la gastronomía y el paisaje.

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Los templos de Sant Pere, Sant Miquel y Santa Maria, que originariamente configuraban la "catedral" paleocristiana de Ègara, responden a múltiples etapas constructivas que han dejado su huella en forma de variedad de estilos -desde el tardo-romano hasta el gótico- y disciplinas artísticas. Se trata, pues, de un conjunto monumental único en Cataluña.

La primera construcción es un conjunto paleocristiano que ejerce como sede del obispado de Ègara y del que aún hay vestigios en los templos de Santa Maria y Sant Miquel. El hecho de que haya tres iglesias se había interpretado históricamente como una "copia" del modelo bizantino de la antigüedad -dos iglesias y un baptisterio- pero después de las últimas excavaciones (2000-2007) los estudiosos creen que la iglesia de Sant Miquel no funcionaba como baptisterio, sino que tenía un uso funerario. Por tanto, nos encontramos ante una catedral paleocristiana, organizada como una ciudad en miniatura con varios templos y dependencias.

La segunda etapa constructiva debemos situarla en los siglos IX y X, tras la conquista cristiana del territorio dominado por los musulmanes. Por lo tanto, el estilo es prerrománico; de esta época quedan muchas muestras en las iglesias que, finalmente, se dieron por terminadas en una tercera y definitiva etapa, ya románica (s. XI-XII).