Situado en el municipio de Porqueres, en el Pla de l’Estany, el Estudi Taller Carles Fontserè conserva y muestra una parte destacada del legado de uno de los artistas más representativos del siglo XX en Cataluña.
Carles Fontserè i Carrió (1916–2007) tuvo una larga carrera en ámbitos como la pintura, el dibujo, la escritura y la escenografía, pero destacó sobre todo en el diseño de carteles, la ilustración y la fotografía.
Su vida y su obra quedaron profundamente marcadas por la Guerra Civil, cuando empezó a trabajar como ilustrador de carteles para el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya. Su compromiso con la República le llevó a exiliarse en Francia, México y Nueva York, donde siguió desarrollando una intensa actividad artística. En el casal catalán de Nueva York conoció a Terry Broch, publicista de padre catalán y madre valenciana, con quien se casó. Broch desempeñó un papel muy importante en el desarrollo de la carrera artística de Fontserè y en la difusión de su obra.
En 1973 regresaron a Cataluña y se estableció en la finca de Can Tista i Montguix, donde montó su espacio de trabajo. El estudio taller, situado en Can Montguix, es el espacio abierto al público: un entorno creativo con una distribución abierta y funcional, diseñado para dar cabida a las diversas disciplinas que practicaba. En él encontramos espacios dedicados a la pintura, archivos, una biblioteca y un escritorio, así como objetos personales, fotografías y obras que nos permiten seguir el recorrido de su vida.
Fruto de la donación de su legado a la Generalitat de Catalunya en el año 1994, el Estudi Taller Carles Fontserè hoy en día es un espacio que permite conocer de cerca la vida y la obra de un artista fundamental de la segunda mitad del siglo XX, y adentrarse en su universo creativo. Además, desde la muerte de Terry Broch en el año 2016, el equipo está gestionado por la Generalitat de Catalunya.
Con los Pavellons de la Finca Güell comenzaba una de las relaciones de mecenazgo más duraderas y fructíferas del arte catalán del siglo XX: la de Antoni Gaudí y Eusebi Güell. Construidos entre 1884 y 1887 en la avenida de Pedralbes, forman parte de la entrada monumental a la finca de veraneo de la familia Güell, hoy desaparecida. El arquitecto diseñó los jardines, el muro perimetral, las puertas de entrada y dos pabellones destinados a la caseta de vigilancia y a las caballerizas. Desde 1969, los Pavellons Güell son Monumento Histórico-Artístico de Carácter Nacional.
El elemento más emblemático del conjunto es la gran reja de hierro forjado de la puerta principal, en forma de dragón. Este dragón representa al guardián del mitológico Jardín de las Hespérides, tal y como lo describe Jacint Verdaguer en el poema L’Atlàntida. Esta figura se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles del universo gaudiniano.
Dentro del recinto se conservan dos pabellones. Por un parte, la casa del portero, un edificio pequeño pero imponente, que destaca por su planta octogonal, su cúpula con linterna y su combinación de ladrillo, piedra y cerámica. Por la otra, en las caballerizas encontramos una estructura de arcos parabólicos y una bóveda catalana, así como un picadero coronado por una cúpula circular. Las cubiertas, revestidas con un técnica temprana de trencadís y la riqueza ornamental del conjunto, anticipan recursos que Gaudí desarrollará en obras posteriores.
Esta obra de su juventud no solo impresionó a Eusebi Güell, sino que también estableció las bases de un lenguaje arquitectónico propio. En los Pavellons Güell, Gaudí experimentó con formas materiales y estructuras que más tarde se convertirían en rasgos distintivos de su obra.
La Porta de la Finca Miralles es una de las obras menos conocidas de Antoni Gaudí en Barcelona. Construida en 1901 en el paseo Manuel Girona, formaba parte de la muralla que rodeaba la finca del industrial Hermenegild Miralles, una propiedad que ya no existe.
Del conjunto original solo se conserva el portal y un tramo del muro, hecho de piedra y rematado con un trencadís blanco y una una reja metálica que imita la piel de los reptiles. La puerta se abre con un gran arco lobulado rodeado de formas onduladas que parecen moverse como si fueran orgánicas. El portal está coronado por la característica cruz tridimensional de hierro forjado. En el lateral también se conserva una puerta más pequeña con su reja original.
Hoy en día, la puerta da acceso a la tranquila calle Francesc Carbonell y se ha integrado plenamente en el paisaje urbano del barrio. Restaurada en el año 2000, el espacio también incorpora una escultura de Antoni Gaudí obra de Joaquim Camps, lo que recuerda la huella del arquitecto en este lugar.
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Una casa blanca bajo un cielo azul intenso, el gallinero en segundo plano, herramientas del campo, vegetación y vida en todas partes. Así es como Joan Miró retrata al óleo Mas Miró, el lugar donde tomó la decisión de dedicarse plenamente a la pintura de por vida.
Aunque el pintor nació en Barcelona y murió en Palma, pasó largas temporadas en la casa familiar, situada en las afueras de Mont-roig del Camp. Es aquí donde se dejó cautivar por la vida rural y consolidó su vínculo con la tierra catalana, que marcaría para siempre el carácter del artista y, de rebote, su obra pictórica. Mas Miró comprende el conjunto de edificios satélite de la masía de estilo colonial, erigidos en diferentes momentos entre el siglo XVIII y el XX. La visita al conjunto, catalogado como Bien Cultural de Interés Nacional, permite adentrarse en el taller del artista, descubrir sus esbozos y material, recorrer el jardín que conserva el gallinero, la capilla, los cultivos y el corral. El paseo por este entorno –amenizado, si se quiere, por las actividades que ofrece la Fundació Mas Miró- es la experiencia ideal para conocer la cuna del estilo simbólico que hoy todos reconocemos como mironiano y que lo convirtió en uno de los pintores más relevantes del siglo XX.
Pasearse por el pomposo interior original de una mansión modernista sólo es posible en contados edificios. Uno de los mejor conservados es la Casa Navàs de Reus.
Flanqueando la plaza del Mercadal desde un chaflán, la casa tienda de la familia Navàs-Blasco es una de las obras más lujosas proyectadas por el arquitecto
Lluís Domènech i Montaner. La fachada del edificio se mantiene majestuosa pese a haber quedado dañada durante los bombardeos de la Guerra Civil. Sin embargo, el verdadero tesoro se encuentra en las estancias interiores que maravillarán a los amantes del Modernismo. La mejor muestra de artesanías se encuentra en cada rincón de la casa: vidrieras de colores, pinturas murales, cerámicas con motivos florales, tapicería de seda y mobiliario elaborado por los ebanistas más reconocidos del momento. La suntuosidad del espacio da ya una idea sobre el poderío económico de sus propietarios, importantes comerciantes de tejidos, así como de la relevancia de
Reus en la época, como
segunda capital catalana.
El conjunto de pinturas rupestres de las
Montañas de Prades está formado por
unos cuarenta yacimientos, pero solo tres son visitables:
Portillo de las Lletres, Mas d'en Llort y
Mas d'en Ramon d'en Bessó.
En las composiciones y
escenas pictóricas se observan
cazadores y animales salvajes como cabras, ciervos, bóvidos, jabalíes, etc., así como pastores con animales domésticos y un gran número de
signos abstractos y simbólicos. Permite ver la transición de los
recolectores-cazadores (lenguaje más sencillo) hacia los
agricultores (lenguaje más complejo).
Este también podría haber sido un
espacio de culto al sol: además de las escenas de caza, también vemos la recolección de la miel y puestas de sol.
Para facilitar la comprensión del conjunto de todas las pinturas, se creó el
Centro de Interpretación del Arte Rupestre de las Montañas de Prades, situado en
Montblanc. Se puede ver una buena muestra de estas
imágenes prehistóricas y también una exposición, con
reproducciones a escala real de los abrigos rupestres.
Parte del conjunto (una quincena) fue incluido en la lista del
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, junto con el resto de yacimientos de arte rupestre del arco mediterráneo de la península ibérica, y es parte de la Ruta del Arte Rupestre.
Las pinturas rupestres del Cocó de la Gralla, con más de 8.000 años de antigüedad, fueron descubiertas en 2004 por un vecino de la zona, pero hasta diez años después no se informó las autoridades de su existencia.
Las pinturas están situadas en el Parque Natural de Els Ports, en el barranco de Montpou, en el municipio de Mas de Barberans (Montsià) y constituyen un hallazgo extraordinario: encontramos un tipo de figuras que no habían sido documentadas en Cataluña hasta 2018.
El conjunto de pinturas está formado por 69 figuras de estilo levantino o naturalista, entre las que se pueden observar 27 arqueros, 4 figuras humanas o 3 cabras; algunas llevan ornamentos, como por ejemplo plumas. Destacan dos hileras de arqueros a la carrera, así como varios animales y huellas, que forman una posible escena de cacería. Estas figuras hacen de este conjunto uno de los más excepcionales que se conservan en Cataluña.
El municipio de Capçanes, en el Priorat, posee la concentración de yacimientos rupestres más grande de toda Cataluña. Suman, en total, 19 conjuntos repartidos entre dos barrancos: el de la Vall y Parellada. Una de las representaciones más importantes es "la matanza", un mural de 27 figuras que representan una matanza o un sacrificio humano, una rareza en el arte levantino que hace del conjunto un hallazgo único.
Entre las más de 150 figuras humanas y de animales que se identifican, destaca también un gran toro de 54 centímetros, uno de los más grandes documentados hasta hoy, así como tres grabados en el techo del abrigo que representan tres ciervos. Se trata del primer conjunto en Cataluña donde encontramos pinturas rupestres dibujadas en el techo de un espacio abierto, que datan de una época en que se cree que no había arte rupestre en el territorio y, por lo tanto, podríamos estar ante el principio del arte rupestre en Cataluña.