El mayor monumento de Cataluña es también la fortaleza abaluartada más grande de Europa. El Castillo de Sant Ferran ocupa 550.000 m² en lo alto de una colina de Figueres. Como buen castillo fronterizo, su situación es inmejorable: tiene buenas panorámicas de la sierra de la Albera, que hace frontera con Francia, y del golfo de Roses.
Precisamente se levantó ante la necesidad de reforzar la frontera después de la Paz de los Pirineos de 1659 y debe su nombre al rey Fernando VI. La fortificación, inaugurada en 1766, pero terminada de construir en 1892, está formada por dos recintos.
El interior, de más de 325.000 m2, consta de seis baluartes unidos por paños de muralla. No pasa desapercibida la magnitud del edificio: caballerizas con capacidad para 500 caballos, almacenes para guardar víveres para 10.000 personas durante un año, una gran plaza de armas, nueve pabellones para el alojamiento de las autoridades y sus familias, y cuatro grandes cisternas con una capacidad total de nueve millones de litros de agua.
El recinto exterior, con un perímetro de 3.120 metros, lo integran tres hornabeques, siete revellines y dos contraguardias. Está separado del exterior por un gran foso de 10 hectáreas, que actualmente se puede visitar, incluidas las galerías subterráneas.
Sus monumentales dimensiones han hecho siempre difícil y muy costosa su actividad militar que frecuentemente ha estado por debajo de sus posibilidades. Desde 1997 se organizan visitas guiadas regulares al Castillo de Sant Ferran.
Iesso, situada en la localidad de Guissona, es una de las pocas ciudades romanas de Cataluña que no tienen totalmente superpuesta la ciudad actual. Esto le confiere una potencialidad arqueológica considerable. Además, es uno de los ejemplos mejor documentados de la actividad urbanística desplegada en Cataluña en el año 100 a. C.: un momento histórico crucial en el que se empieza a estructurar la red urbana que heredarán nuestras ciudades actuales.
La antigua Iesso fue una importante capital interior del imperio. Habitaban en ella unas 20.000 personas y ocupaba dos veces más terreno que Barcino. En manos romanas, la ciudad vive una larga prosperidad de 700 años basada en el cultivo y una intensa actividad comercial. La ciudad original estaba amurallada y las calles se estructuran en dos ejes, el cardo maximus, de orientación norte-sur, y el decumanus maximus, de este a oeste, siguiendo el plan urbanístico habitual en las ciudades romanas.
La actividad constructiva y comercial de Iesso continuó activa hasta la época visigótica (s. VI), aunque el periodo que sigue a la disolución del Imperio romano se convierte en un momento histórico bastante desconocido en Guissona.
Actualmente, el Parque Arqueológico de Iesso es un ejemplo de primer orden para conocer el urbanismo y las transformaciones de la ciudad romana a lo largo del tiempo. Destacan el gran edificio de las termas públicas, con un avanzado circuito que transportaba el agua, los restos de una instalación para producir vino y las de una gran casa señorial organizada alrededor de un patio central.
Las Reales Atarazanas de Barcelona fueron la gran fábrica de galeras que necesitaba la Corona de Aragón en plena expansión por el Mediterráneo. Situadas enfrente del mar y a los pies de Montjuïc, durante muchos años se pensó que eran los astilleros medievales más grandes y completos que se conservaban en el mundo. Pero las excavaciones del año 2012 evidenciaron que, a finales del siglo XVI, sobre el antiguo edificio medieval, se levantaron unos nuevas astilleros que se corresponden en el edificio actual.
El rey Jaume I impulsó la creación de las Atarazanas, aunque fue Pere III que, en colaboración con la ciudad y la Generalitat, les dio el empujón definitivo a finales del siglo XIV. El primer edificio de esta infraestructura fue una gran construcción amurallada con una torre en cada ángulo; posteriormente se empezó a cubrir y ampliar. La gran sala gótica de ocho naves que vemos actualmente data del siglo XVI, aunque mantiene el estilo gótico original. Es un espacio amplio y muy luminoso gracias a los grandes ventanales y cubierto por un techo de madera.
Actualmente el edificio es la sede del Museo Marítimo de Barcelona. La colección se inició en 1929 y se ha ido enriqueciendo a lo largo de los años. Destacan los modelos de barcos, de instrumentos náuticos, de exvotos, de pintura marítima, de mascarones o de cartografía. También son muy populares la réplica de la Galera Real de Juan de Austria y el pailebote de Santa Eulàlia.
Tortosa fue durante los siglos XIV y XV un enclave mercantil de primer orden. Este esplendor se refleja en edificios como la catedral, los palacios nobiliarios, el palacio episcopal, el recinto de las murallas o la lonja. En el siglo XVI Tortosa era una de las ciudades con más peso político, demográfico y económico de Cataluña. De esta época son los Reales Colegios, el conjunto renacentista más importante de Cataluña.
El conjunto monumental está formado por tres edificios. El más importante es el Colegio de Sant Jaume y de Sant Maties, de 1564, donde en un inicio se educaba a jóvenes musulmanes conversos. Es un gran edificio de dos pisos organizados en torno a un patio central -el único patio del Renacimiento en Cataluña-, donde destaca la rica ornamentación escultórica con alta influencia italiana.
El otro edificio es el Colegio de Sant Jordi y de Sant Domènec, de 1578. Era en origen un convento dominicano, pero los bombardeos franquistas (1937-1939) sólo dejaron en pie la sencilla portalada renacentista de dos cuerpos.
Completa el conjunto la Iglesia de Sant Domènec, de 1585. Es una iglesia de una sola nave, de estilo gótico, con capillas laterales. En la actualidad preside la nave central un armario-archivo procedente de la desaparecida casa de la ciudad. Desde 2008, acoge el Centro de Interpretación del Renacimiento.
Montserrat es un símbolo para Cataluña y un punto de peregrinaje para creyentes. La gran protagonista es su Virgen, patrona de Cataluña. Esta virgen románica es popularmente conocida como La Moreneta, debido al color de la cara y las manos, oscurecidas por el humo de los cirios.
El monasterio se fundó en 1025 por orden del Abad Oliba, sobre una pequeña ermita que Wifredo el Velloso había dado al Monasterio de Ripoll.
La visita a Montserrat empieza en la basílica del siglo XVI, con restos románicos y estructura gótica. A partir de aquí, desde la plaza de Santa María, punto neurálgico, se puede recorrer todo el conjunto, fruto de la gran reforma del siglo XIX liderada por Josep Puig i Cadafalch.
Imperdible es el Museo de Montserrat. Su colección se inició con los materiales del Oriente bíblico aportados por el padre Bonaventura Ubach de sus viajes. Pero el fondo se ha ido engrosando con obras muy destacables de pintores como Caravaggio, Rusiñol, Casas, Nonell, Picasso, Monet, Sisley, Degas, Pissarro o Dalí.
No es casualidad este museo. Desde el siglo XVII Montserrat ha sido un centro cultural de primer orden y lo demuestra la excepcional biblioteca con más de 250.000 volúmenes del monasterio. Entre las actividades que promueven destaca la Escolanía, que es uno de los coros de niños más antiguos de Europa, documentado desde el siglo XIV.
Cerca de la abadía, se conserva aún el vecino Monasterio de Santa Cecilia, que actualmente se ha convertito en el Espacio de Arte Sean Scully. Destaca la iglesia románica, también reformada en los años 30 por Puig i Cadafalch. Pocos saben que este monasterio fue la primera opción del Abad Oliba para extender sus dominios en Montserrat, pero se encontró con la negativa de la comunidad.
A finales de la Guerra Civil española, la Batalla del Ebro fue el punto de inflexión del conflicto al propiciar la pérdida de Cataluña por parte republicana. Un intenso combate que se desarrolló en las comarcas de Matarraña, La Ribera d'Ebre, El Baix Ebre y La Terra Alta. Actualmente, la combinación de espacios históricos y centros de interpretación forman los Espacios de la Batalla del Ebro, testimonio vivo de uno de los episodios más trágicos de la historia reciente del país.
ElPoble Vell de Corbera d’Ebre pervive como símbolo mudo de la barbarie de este conflicto. Pasear entre los restos de calles y casas destruidas permite rememorar los bombardeos y la desdicha de sus antiguos habitantes. En los barrancos de Vilalba dels Arcs se puede ver una línea de 700 metros de trincheras que formaron parte de la red de defensa republicana. En La Fatarella se conserva un refugio militar y los muros del castillo de Miravet sirvieron de refugio a los soldados nacionales que guarnecían la población.
Los Espacios de la Batalla del Ebro incluyen un total de 19 localizacioneshistóricas y cinco Centros de Interpretación: 115 días (Corbera d’Ebre), Soldados en las trincheras (Vilalba dels Arcs), Hospitales de Sangre (Batea), Las voces del frente (Pinell de Brai) y Internacionales en el Ebro (La Fatarella).
El Museo Memorial del Exilio (MUME) es el primer equipamiento museístico dedicado a preservar la memoria y el legado del exilio republicano consecuencia de la Guerra Civil española.
Ubicado en La Jonquera, el paso fronterizo por donde huyeron la mayor parte de los exiliados, el MUME se define como un espacio para la memoria, la historia y la reflexión crítica. Un proyecto que no sólo se limita a la labor expositiva sino que impulsa la investigación histórica y la difusión pedagógica.
Su exposición permanente presenta el fenómeno del exilio a lo largo de la historia, haciendo hincapié en la Guerra Civil y la posterior derrota y retirada republicana. La diáspora a través de los Pirineos camino de Francia y la suerte diversa de los miles de refugiados que cruzaron la frontera son uno de los puntos de interés de la muestra. La vivencia del exilio y su legado cultural a partir de testimonios y herencias documentales completan el discurso expositivo.
Hace 2700 años una tribu de ilergetes levanta su asentamiento en una llanura cerca de la actual Arbeca (Les Garrigues). Es un buen lugar para cultivar la tierra. Pero a pesar de la placidez del lugar, los ilergetes temen los ataques enemigos y por eso levantan una imponente fortificación casi inexpugnable. Esto convierte a Els Vilars en una construcción única en el mundo ibérico catalán y europeo y uno de los puntos imprescindibles de La Ruta de los Iberos.
De forma ovalada, la fortificación estaba totalmente amurallada y disponía de torres de vigilancia. Para acceder a ella sólo había dos puertas de pequeñas dimensiones. Si entrar en el asentamiento era difícil, acercarse tampoco era tarea fácil: ante los muros, una barrera de piedras clavadas en el suelo (chevaux-de-frise) impedían el paso de forasteros a pie o a caballo. Unos grandes fosos completaban las obras defensivas. En el interior, las viviendas se organizaban alrededor de una plaza presidida por un gran pozo.
Todas estas estructuras son visibles actualmente, gracias a los trabajos de restauración y conservación del yacimiento. Visto desde el aire, se puede apreciar perfectamente su planta ovalada y los límites de las casas rectangulares que acogían el centenar de habitantes que tuvo Els Vilars.
Los ilergetes vivieron allí durante 400 años y abandonaron el lugar de forma abrupta. El porqué aún es hoy un misterio. Su fortaleza tan singular se ha convertido en uno de los referentes íberos de la Península.
La historia se detiene una y otra vez en Roses. Fundada como colonia griega, su ubicación la convierte en un punto estratégico del Mediterráneo. Por eso, el lugar ha sido objeto de diferentes ocupaciones y blanco de numerosos ataques. Actualmente, la Ciudadela es un moderno centro cultural y un extraordinario yacimiento.
En los 139.000 m2 del recinto se reúnen los restos arqueológicos de la colonia griega y posteriormente romana de Rhode, el monasterio románico de Santa Maria y la estructura de la ciudad vieja de Rosas, que incluso conserva algunas fortificaciones medievales.
Las murallas actuales son una fortificación de grandes baluartes que datan de la época renacentista y moderna. Y es que en el siglo XVI, el rey Carlos V manda construir la Ciutadela y el castillo de la Trinitat para protegerse de los piratas y de los turcos.
En 1814 son los mismos franceses los que vuelan la ciudadela, que se recupera y se abre al público ya avanzado el siglo XX.
Desde 2004 dentro del recinto se puede visitar el Museo de la Ciudadela, un edificio contemporáneo donde se resume la historia del conjunto.
Con poco más de 30 años, la reina Elisenda de Montcada se retiró del mundo al quedar viuda. Y lo hizo en el Monasterio de Pedralbes, que ella misma había fundado en 1326 en la montaña de Sant Pere Mártir (Barcelona). Allí residió 37 años aislada, con la única compañía de las monjas clarisas y la arquitectura gótica.
El Monasterio de Santa Maria de Pedralbes se levantó en sólo 13 meses y destaca por su gran homogeneidad arquitectónica de estilo gótico. Las piedras blancas (petras albas), utilizadas para construir el conjunto, acabaron dando nombre a la zona: Pedralbes.
Entre las joyas del monasterio está la pequeña capilla de Sant Miquel, que destaca por las pinturas al fresco y al aceite (s. XIV), un testimonio excepcional de la pintura gótica catalana; los vitrales góticos del interior del templo (considerados los más importantes de Cataluña por su antigüedad y buen estado de conservación) y el claustro. Este es uno de los más grandes e imponentes del mundo.
Destacar también la tumba de la reina Elisenda. Ubicada entre la iglesia y el claustro, es un sepulcro bifrontal que representa sus dos caras: desde la iglesia se la ve vestida y coronada como reina y, desde el claustro, aparece como viuda y monja, con el sencillo hábito franciscano.