Poco ha cambiado en la morfología urbana de Peratallada desde la época medieval. Y es que no sólo no se ha expandido fuera de las murallas, sino que ha sabido conservar sus orígenes arquitectónicos y urbanísticos como se aprecia al pasear por sus calles estrechas y tortuosas. No en vano es uno de los núcleos más importantes de Cataluña en cuanto a arquitectura medieval.
El núcleo fortificado se concentra sobre una enorme roca natural arenosa, cortada artificialmente para darle verticalidad (de ahí el topónimo "piedra tallada"). En lo alto se encuentra el castillo (del siglo XI, pero con indicios de que podría haber una estructura anterior), con su torre del homenaje y el palacio.
Alrededor del castillo se desplegaba una muralla que formaba un primer recinto cerrado, que estaba rodeado por dos murallas más. De este sistema defensivo actualmente se conservan algunos lienzos de muros, valles excavados en la roca, algunas torres como la Torre de las Horas y el Portal de la Virgen. La población, por tanto, quedaba dividida en tres sectores entre las murallas, lo que acentúa la trama urbanística de pasos y callejones.
Unos 200 metros al norte, extramuros, se encuentra la iglesia parroquial de San Esteban, obra de finales del románico.
El topónimo Pals (derivado del latín palus, "terreno pantanoso") describe perfectamente el marco geográfico de marismas y humedales que había en este tramo de costa. Por eso no es casual que el origen de la villa sea en lo alto de un monte, sobre la llanura. Actualmente el núcleo antiguo de Pals, conocido como el barrio del Pedró, permite hacer un recorrido por el pasado medieval del pueblo.
Por encima de los tejados del casco antiguo destaca la Torre de las Horas, el único testimonio que queda del antiguo castillo de Pals. Se trata de su torre maestra, de planta circular y estilo románico, construida sobre un podio de roca natural. Su nombre proviene de un pequeño campanario gótico de tres pilastras que se le añadió en el siglo XV.
La iglesia de San Pedro es un edificio de una nave de estilo gótico, con algunas incorporaciones más tardías como la portada barroca. Ésta sustituye una anterior construcción románica (del siglo XII) de la que se conservan restos en la fachada occidental, incorporadas al actual frontis. Para construir la nave muy probablemente se aprovechó piedra procedente del castillo, que estaba en ruinas.
Las murallas de Pals son unas de las mejor conservadas del Empordà. Su trazado se mantiene prácticamente íntegro, y sólo alguno tramos han sido transformados o derribados, especialmente en el lado de levante y de mediodía, que es por donde se ha extendido la villa. El interior del casco viejo es un conjunto de calles estrechas y empinadas, que se articulan alrededor de la calle Mayor, que tiene tramos cubiertos. Lo que da unidad al conjunto es el color amarillento de las paredes proveniente de la piedra arenisca con que están construidas.
Desde su ubicación privilegiada en un monte de la Serra Grossa y el margen izquierdo del río Sénia, el castillo de Ulldecona es el ejemplo claro de castillo de frontera. Durante la ocupación árabe, del siglo VIII al XI, era una fortificación andalusí. Con la conquista de las tierras al sur del Ebro por los cristianos pasó a la familia Montcada de Tortosa en 1148, que lo cedió a la orden militar del Hospital de San Juan de Jerusalén, y se transformó en un castillo cristiano. A su alrededor se fue agrupando la población, que se protegía así de los ataques musulmanes.
Actualmente el conjunto fortificado consta de tres edificaciones -dos torres y la antigua iglesia-, y restos de otras derribadas, rodeado todo de una muralla perimetral. Una de las estructuras más emblemáticas es la torre circular, del siglo XII, que servía de atalaya. Y es que desde la terraza superior, que conserva las almenas y aspilleras, se tiene una vista privilegiada de la zona. Se complementa con la torre del homenaje del siglo XIII, cuadrada, que alojaba las estancias señoriales.
La iglesia es el edificio más moderno del recinto, ya que data del siglo XVI. Podría haber sustituido una primitiva capilla situada dentro de la torre principal del castillo.
Aunque las estructuras más visibles se corresponden a la fortificación militar cristiana, se conservan todavía los vestigios del primer castillo árabe como los restos de la muralla, culminada por dos torres de control. En el recinto también se han encontrado muros de habitáculos medievales e incluso los restos de un antiguo asentamiento ibérico.
El Castillo Monasterio de Escornalbou de Riudecanyes es una peculiar mansión señorial de principios del siglo XX. Está formado por los restos de dos edificios medievales: el monasterio de Sant Miquel, fundado en 1153, y un castillo, construido encima de los restos de una fortaleza romana. Su propietario, el diplomático, egiptólogo y filántropo Eduard Toda, siguió la moda de la época de convertir edificios históricos en residencias burguesas.
El conjunto conformó durante más de seis siglos la Baronía de Escornalbou. Tras la Desamortización de Mendizábal (1835) quedó prácticamente en ruinas, hasta que fue adquirido por Toda en 1911. Lo reformó siguiendo una interpretación muy personal. Incluso decidió obviar las recomendaciones e indicaciones de Puig i Cadafalch. Así, se derribaron construcciones, se levantaron torres de un exótico estilo medieval y se reconvirtieron espacios para adaptarlos a las necesidades y gustos del propietario.
El resultado es aún visible hoy: del antiguo monasterio sólo se conserva la iglesia románica, algunos restos de la sala capitular y la estructura del claustro, que se convirtió en un mirador-jardín con vistas al Campo de Tarragona. Del castillo, convertido en casa señorial y escenario de encuentros de las principales figuras de la Renaixença catalana, destaca la biblioteca y la rica colección de grabados, cerámica, muebles y piezas de la colección que Toda había reunido en sus viajes.
El pueblo íbero de los ilergetes tiene el municipio urgellence de Tornabous uno de los principales exponentes de su potencial político, comercial y económico antes de la llegada de los romanos.
Aunque los orígenes del asentamiento son de finales de la primera edad del hierro, los restos arqueológicos del Molí d’Espígol nos cuentan el avanzado urbanismo que esta comunidad alcanzó en la época de su máximo esplendor, entre los siglos IV y III a.
Es en este momento cuando el Molí d’Espígol pasó de ser un asentamiento a una ciudad, con una economía basada en la agricultura y la ganadería. La complejidad de las casas o innovaciones como las canalizaciones bajo el enlosado ponen de manifiesto la progresión del poblado. Y, por encima de todo, la disposición urbanística, que es la que ha llegado a nuestros días.
Las excavaciones, que se iniciaron en 1970 desde el Museo Diocesano de Solsona y que gestiona el Museo de Arqueología de Cataluña desde 2000, han dejado entrever dos espacios arqueológicos bien definidos: el ámbito urbano, con restos visibles y visitables, y un ámbito suburbano al norte, fuera de las murallas del oppidum, fruto del crecimiento de la ciudad. También se ha identificado la fuente que abastecía de agua la comunidad: una antigua balsa, actualmente desecada, situada fuera del núcleo amurallado.
Alrededor del 200 aC el pueblo ibérico de los ilergetes se deshizo y se abandonó el yacimiento. Hubo una posterior reocupación hasta su abandono total a mediados del siglo I a.
La antigua casa Pedrós, en el centro de Castellterçol, es donde nació y murió una de las figuras capitales del siglo XX en Cataluña: Enric Prat de la Riba. Actualmente convertida en museo, nos acerca la figura del fundador de la Lliga Regionalista, el primer presidente de la Mancomunidad de Cataluña y uno de los principales teóricos del nacionalismo catalán.
Acompañados por un audiovisual, podremos repasar su trayectoria profesional y el ideario del político y escritor. Al mismo tiempo, nos adentraremos en su esfera más personal ya que la arquitectura y el mobiliario son los originales de la vivienda. Así podemos conocer cómo era la vida en una casa rural acomodada de principios del siglo XX.
A excepción del despacho, que contiene el mobiliario que Prat de la Riba tenía en Barcelona, el resto de espacios de la casa se conservan intactos. Destacan la cocina, centro de la vida familiar, y el comedor, reservado exclusivamente para las ocasiones especiales. La religiosidad de la familia se refleja en la presencia de imágenes religiosas en la mayoría de cámaras, especialmente las habitaciones.
En el siglo X, una red de torres de vigía limitaba el condado de Osona, que entonces extendía sus dominios por las actuales comarcas de Anoia y la Segarra. De todas ellas, la Torre de la Manresana en Prats de Rei es la que mejor ha soportado el paso del tiempo. Tanto es así que también fue uno de los escenarios de la Guerra de Sucesión.
Alrededor suyo se levantaba un castillo medieval de frontera del que quedan sólo los basamentos de las murallas y una estancia. La torre, reformada en el siglo XII, es el único elemento en buen estado que se ha conservado del conjunto.
Y es que está especialmente reforzada. Construida con sillares, la Torre de la Manresana se estructura en tres niveles y con un espesor de muro descendente, que va de los 215 cm de la base a los 160 cm del último nivel. Una de las claves de su seguridad es que sólo se podía entrar por una puerta ubicada a media altura, a la que se accedía a través de una escalera levadiza.
La terraza, situada a 21 metros de altura, ofrece una amplia panorámica de la comarca de Anoia. Por eso en 1711 fue escenario clave de los enfrentamientos entre austracistas y borbones para controlar la zona de Calaf.
Considerado uno de los principales monumentos históricos de
Tortosa junto con la
catedral y los
Reales Colegios, el castillo de San Juan, conocido como el castillo de la Suda, es un testigo clave del
pasado andalusí de la ciudad. Además, conserva la única
necrópolis islámica a cielo abierto de Cataluña.
Fue construido en el siglo X bajo el
califato de Abderramán III, encima de una antigua acrópolis romana. A pesar de la altura, un enorme pozo excavado dentro del recinto bajaba a buscar el nivel del Ebro para abastecer la fortaleza de agua.
Tras la conquista de Tortosa en manos de
Ramón Berenguer IV en 1148, el castillo se convirtió en prisión. Fue propiedad de los
Montcada y de los
Templarios y fue la residencia preferida del
rey Jaime I de Aragón. Además de palacio real, ha sido también el tribunal de justicia. Actualmente alberga un parador de turismo.
De la época islámica, además del cementerio musulmán de gran importancia, se conservan el trazado y los basamentos de las
murallas y también el
pozo. Éste está formado por galerías subterráneas que acogían un molino y dos hornos.
El legado medieval se puede ver en algunos ventanales góticos, la nave del polvorín y el patio de armas. Aún así, pasa desapercibido ya que en los siglos XV y XVII el castillo sufrió muchas modificaciones por motivos defensivos.
A 461 metres d'altura, a l'altura de la serra de la Guàrdia, és fàcil imaginar el castell imponent de Claramunt vigilant i protegint la conca d'Òdena .
És un soroll que té nombroses destruccions i reconstruccions, aquesta fortalesa del segle X és un dels principals exponents de la vermella de Castells de Frontera , que marca la línia entre el condat de Barcelona i l'Al-Andalus.
Encomendat en els seus inicis en el llenguatge de Claramunt, el castell es convirtia al centre administratiu del domini senyorial dels Cardona-Medinaceli entre els segles XIV i XIX. No hi ha cap necessitat, sense embargament, fins al segle XX que es recupera el seu explorador a partir de la compra i restauració dels seus nous propietaris, lafamilia Miquel .
La seva estructura és la clàssica dels castells del segle XII , amb dos recintes amurallats que ocupen més de 5.000 m2: el recinte superior , amb l’àmbit residencial, la sala gòtica i quatre torres, entre les que destaca la torre d’homenatge; l’altre, el recinte inferior , acogia els serveis del castell i actualment queda un gran pati rodat de muralles.
També es conservaran els restes de la que va ser l’ església romànica de Santa Maria , la primera parròquia de la Pobla de Claramunt.
Hace entre 75.000 y 40.000 años, el barranco del Capelló fue refugio de los neandertales, una especie extinguida de homínidos que se organizaba en pequeñas comunidades de cazadores-recolectores. Miles de años más tarde, el Abric Romaní desvela a los arqueólogos cómo fue la vida de una especie que comparte líneas evolutivas comunes con el hombre actual.
Por el número y la importancia de los hallazgos, el Abric Romaní se ha convertido en uno de los principales yacimientos del paleolítico medio de la Península Ibérica. Gracias a estos descubrimientos es posible reconstruir el modus vivendi de estas comunidades y su interacción con el medio natural en el que vivieron.
Así, el Abric Romaní, que sigue en proceso de excavación, ha permitido por primera vez determinar (en grupos neandertales) las estrategias de empleo, la estructuración del hábitat, las estrategias de subsistencia, la tecnología del fuego y los instrumentos... Entre los vestigios recuperados destacan una veintena de objetos de madera (la colección más grande del mundo con estas cronologías tan antiguas), cerca de 200 chimeneas y numerosos utensilios realizados en piedra y hueso que evidencian unos sistemas de producción técnica realmente avanzados.
El Abric Romaní forma parte del NEAN-Parque Prehistórico de Capellades, que recoge una veintena de yacimientos en total, y actúa como centro de divulgación de la prehistoria y potenciación del turismo cultural.