Integrado en el Sistema Territorial del Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña, el Ecomuseu-Farinera de Castelló d'Empúries cuenta desde 2004 la historia de los hombres y las mujeres de L’Empordà dedicados al cultivo del grano de trigo y los diversos usos de la harina.
El edificio de La Farinera propone un recorrido por el patrimonio industrial harinero catalán. Las máquinas, herramientas y estructuras expuestas son testimonio de una actividad desarrollada desde la época medieval: primero en el antiguo molino de harina, y desde finales del s. XIX en el año 2001, en la moderna fábrica harinera.
La visita al ecomuseo se completa con una ruta que recorre parte de los cinco kilómetros del Rec del Molí hasta el Puente de La Mercè. Esta infraestructura hidráulica conducía el agua desde la esclusa de Vilanova de la Muga hasta La Farinera, bordeando y abasteciendo huertos y campos. Al llegar a La Farinera, el salto de agua hacía funcionar una turbina Francis de 1905, responsable de generar la energía necesaria para el funcionamiento de la fábrica.
El MHC es un museo pensado para estimular el interés sobre la evolución de la cultura catalana. En el Palau de Mar, uno de los pocos edificios que se conservan del antiguo puerto industrial de Barcelona, los visitantes siguen una narración sugerente que se distribuye en ocho etapas, que van desde la prehistoria hasta la actualidad bajo un punto de vista social, económico, político y cultural.
Durante el recorrido se encuentran con objetos y documentos, recreaciones históricas y ambientaciones, audiovisuales e interactivos, que acercan de forma lúdica la historia de esta nación.
Incluso tendrán la oportunidad de subir en el caballo de un señor de la guerra de la Edad Media o esconderse en una trinchera de la Guerra Civil.
Sobre el Puig de Sant Andreu en el Baix Empordà, la ciudad ibérica de Ullastret es el asentamiento íbero más grande descubierto hasta ahora en Cataluña. La ciudad, flanqueada por imponentes murallas, ejercía como capital de todo el territorio indiketa, y explotaba agricultura, ganadería, minas y canteras. Era el centro de un importante intercambio comercial con la ciudad griega de Empúries, donde exportaba sus productos e importaba producción exterior. Ullastret domina el paisaje suave del Empordà y ha sido testigo de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos años: las cabezas cortadas de Ullastret.
Este descubrimiento excepcional se hizo en 2012, cuando las excavaciones en un tramo de calle pusieron al descubierto 15 fragmentos craneales humanos, entre los que había dos cabezas enclavadas. Se trata de una práctica ritual de origen celta que ya habían descrito autores clásicos como Posidonio de Apamea o Diodoro de Sicilia, que consiste en exhibir la cabeza del enemigo vencido como un trofeo de guerra.
A pesar de que el conjunto de Ullastret está formado por dos poblados ibéricos, sólo son visitables los restos del Puig de Sant Andreu, que corresponden a la última etapa de ocupación del poblado por parte los indiketas (siglo III a.C.). El itinerario permite ver la muralla ibérica más grande y antigua de Cataluña, reforzada con seis torres circulares.
El visitante puede entrar en las casas rectangulares desde las más modestas hasta las construcciones de las familias más importantes (la aristocracia íbera); puede caminar por la calle empedrada y descubrir el sistema de recogida de agua mediante cisternas excavadas en la roca, a imagen de las existentes en la colonia griega de Empúries. La vida espiritual de los antiguos habitantes de Ullastret ha dejado su huella con los restos de tres templos, de los siglos IV y III a.C. Completa el conjunto el Museo monográfico de Ullastret, que permite interpretar el yacimiento y conocer la cultura ibérica en la zona nordeste de Cataluña. El conjunto de Ullastret es una de las sedes del Museo de Arqueología de Cataluña.
Esta casa del centro de Moià es un edificio señorial del siglo XVII con un notable valor arquitectónico y artístico. Pero si hay algo que la hace especial es que alrededor del 1660 nació Rafael Casanova, protagonista de la defensa de Barcelona el 11 de septiembre de 1714.
Casanova era hijo de una familia acomodada de Moià dedicada al comercio del grano y la lana. Su situación acomodada se puede ver en las características de la casa, sobre todo en su interior, ricamente decorado. Formada por una planta baja, un piso y una buhardilla, con jardín posterior y sótano, destaca la fachada principal, esgrafiada.
Actualmente, la casa acoge una exposición que muestra las claves del conflicto de 1714: desde el estallido de una guerra internacional para determinar el sucesor a la corona española tras la muerte de Carlos II sin descendencia, hasta la caída de la ciudad de Barcelona a manos de las tropas borbónicas, mientras Rafael Casanova era responsable de la defensa de la ciudad como consejero y comandante de la Coronela.