Histórico | Patrimonio Cultural. Generalitat de Cataluña.

Histórico

T
Situado en la parte baja de la ciudad, junto al foro y la zona portuaria, el Teatre romà de Tàrraco es uno de los primeros edificios destinados a espectáculos de la ciudad y un testimonio destacado de la vida cultural en la época romana.

Construido a principios del siglo I a. C., en la época del emperador Augusto, se construyó en un emplazamiento estratégico, aprovechando la pendiente natural del terreno para sostener las gradas. Con una capacidad aproximada de 6.000 espectadores, el teatro acogía representaciones y actos públicos en una de las zonas más concurridas de Tàrraco.

Se conservan las partes principales del edificio: la cavea o gradería, de la cual se mantienen las primeras filas; la ochestra, el espacio semicircular reservado para las autoridades; y la scaena, donde tenían lugar las representaciones. También se pueden identificar elementos de la estructura original, como algunas de las escaleras que organizaban el espacio.

El teatro estuvo en funcionamiento hasta finales del siglo II d. C., momento en que dejó de utilizarse como espacio escénico y se le dieron otros usos. Aunque permaneció oculto hasta finales del siglo XIX y sufrió importantes daños, el teatro romano de Tàrraco es un elemento fundamental para comprender una de las zonas más dinámicas de la ciudad: el puerto y su barrio portuario.
T
La Nau Gaudí de Mataró es una de las primeras obras de Antoni Gaudí. Construida en 1883, formaba parte del proyecto de la Cooperativa Obrera Mataronense, impulsada por el industrial Salvador Pagès, uno de los líderes del movimiento cooperativo a finales del siglo XIX y cercano a las ideas del socialismo utópico.

El proyecto preveía un gran complejo con fábricas, viviendas e instalaciones sociales. De este conjunto, sin embargo, solo se construyeron algunos elementos, entre los cuales destaca la nave destinada al blanqueo de algodón, el único edificio principal que se ha conservado.

La nave es un amplio espacio diáfano de casi 600 metros cuadrados, construido con trece arcos parabólicos de madera que sostienen la cubierta sin necesidad de columnas. Esta solución, innovadora en su momento, ya pone de manifiesto el ingenio estructural de Gaudí y su capacidad para crear espacios funcionales dotados de una gran fuerza arquitectónica.

A diferencia de sus obras más conocidas, aquí Gaudí opta por una arquitectura austera, donde los materiales y los elementos estructurales cobran protagonismo. A pocos metros de la nave también se conservan las letrinas, la construcción más antigua del recinto. En esta modesta construcción, Gaudí ya preveía soluciones de ventilación y detalles decorativos, recursos que el arquitecto utilizaría más adelante.

Hoy en día, la Nau Gaudí es un espacio museístico que permite descubrir los inicios de uno de los arquitectos más universales y conocer obras de artistas contemporáneos de la mano del Consorci Museu d’Art Contemporani de Mataró y la Col·lecció Lluís Bassat.
T
Coronando la punta dels Guíxols y dominando la bahía de Sant Feliu, la Caseta del Salvament Marítim es un testimonio único de la historia de la protección y el rescate en la costa catalana.

El edificio, inaugurado en 1890, se situó en un punto estratégico desde el que se controlaban los puertos naturales de Abric y Calassanç, que en aquella época eran especialmente vulnerables. Además de alojar a los náufragos y a los voluntarios del servicio de vigilancia y rescate, la cabaña servía para guardar el equipo de rescate, como el bote salvavidas, el carro de varada o el cañón lanzacabos, junto con una amplia variedad de herramientas y materiales indispensables para las operaciones.

La Caseta y el fondo que la rodea forman un conjunto patrimonial único por los materiales que conserva y por permanecer en su ubicación original. En su interior se conservan objetos originales de finales del siglo XIX, como el bote salvavidas, así como instrumentos, documentación y otros objetos relacionados con la actividad marítima.

Hoy en día es una de las sedes del Museu d’Història de Sant Feliu de Guíxols. Este espacio permite conocer de cerca cómo se organizaban los rescates y cómo se protegía la vida de los marineros en un entorno marítimo a menudo impredecible.

T
La Torre Bellesguard es una de las obras más singulares de Antoni Gaudí en Barcelona. Situada al pie de la sierra de Collserola, se alza en un lugar con más de dos mil años de historia. En ella se han hallado restos ibéricos y romanos, ha servido de refugio a bandidos y ha albergado el palacio del rey, Martí l’Humà, último monarca del Casal de Barcelona.

A principios del siglo XX, Gaudí construyó una residencia para la familia Figueres inspirada en ese pasado. El edificio recuerda la forma de un castillo, con almenas, ventanas de estilo gótico y una gran aguja coronada por una cruz de cuatro brazos. Aun así, Gaudí interpreta libremente el estilo gótico y lo combina con sus propias soluciones arquitectónicas, como el uso de bóvedas, bancos de mosaicos de cerámica y vidrieras.

La torre está construida con piedra verdosa extraída del propio emplazamiento, lo que integra el edificio en el paisaje. En el interior, destacan los espacios luminosos, el patio de la escalera y la buhardilla con ladrillos a la vista, los cuales ponen de manifiesto el ingenio arquitectónico del maestro.

Declarada bien cultural de interés nacional en 1969, la Torre Bellesguard hoy en día está abierta al público, lo que permite a los visitantes descubrir uno de los tesoros más recónditos de Gaudí y la larga historia del lugar.

Español translation unavailable for Museu del Barroc.

Si queremos hacer un viaje en el tiempo y adentrarnos en la memoria de la Guerra Civil Española, el Poble Vell de Corbera d'Ebre es una parada obligada.

Situado en lo alto de la colina de la Montera, es uno de los espacios más simbólicos de la Batalla del Ebro, la más dura y decisiva de la Guerra. Entre el 25 de julio y el 16 de noviembre de 1938, tras 115 días intensos de conflicto, la vida en Corbera d'Ebre cambió.

El casco antiguo del pueblo, situado en la primera línea del frente republicano, fue destruido a consecuencia de los bombardeos aéreos y de la artillería del ejército franquista. El pueblo quedó abandonado y, con el tiempo, el vecindario se trasladó a la parte baja de la colina y construyó el Poble Nou.

Ahora el Poble Vell es un espacio de memoria, un museo al aire libre. Permite conocer los hechos históricos y las consecuencias devastadoras de la guerra de primera mano. Además de las calles y sus casas, también podremos contemplar los monumentos a las Brigadas Internacionales y la 'Flama permanente', la escultura 'La Bota', de Joan Brossa, y 'La Foradada'. Lo que no podemos perdernos es el Abecedario de la Libertad, un conjunto de 28 obras distribuidas por el pueblo para reivindicar el valor de la palabra por encima de la fuerza y ​​la violencia, y la Iglesia Vieja de San Pedro, un espectacular edificio barroco de finales del siglo XVIII que se mantuvo en pie a pesar de la batalla. Posteriormente, ha sido restaurada y ahora acoge eventos artísticos y culturales.

Desde 1992 el Poble Vell de Corbera d'Ebre fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional por la Generalitat de Catalunya y constituye un monumento a la Paz.
 

Encima de una colina y a 59 metros sobre el nivel del mar se encuentra el castillo de Castelldefels. Este conjunto monumental, que da nombre a la villa, se levantó en el siglo X sobre el que había sido un poblado íbero y, posteriormente, una villa romana.

El castillo se construyó en un punto estratégico con vistas en el mar Mediterráneo, en una zona dominante para controlar el territorio y la franja costera.

Durante siglos, fue utilizado como fortaleza para defender el territorio de la baronía del Eramprunyá y en el siglo XVI se restauró y fortificó contra los ataques de corsarios berberiscos.

En el siglo XVIII la piratería empezó a desaparecer y el castillo pasó a ser propiedad de varias familias nobles. Un nombre que va ligado a la fortificación es el del banquero Manuel Girona, que en 1897 compró y lideró la rehabilitación de este símbolo icónico de la ciudad.

Ya en el siglo XX, durante la Guerra Civil, se utilizó como centro de instrucción militar por las autoridades republicanas en 1937 e inicios de 1938, y poco después, en marzo del mismo año, el castillo y la iglesia se convirtieron en prisión disciplinaria de brigadistas internacionales. Si visitamos la iglesia de Santa Maria de Castelldefels podremos observar grafitos originales de estos brigadistas. Esta iglesia, del siglo X, es el espacio del conjunto que conserva restos más antiguos, con muros de época ibérica, romana, medieval, moderna y contemporánea.

El castillo y la iglesia han sido declarados Bien Cultural de Interés Nacional.

También nos sorprenderán la sala de Esgrima, decorada con pinturas del siglo XVIII, y la sala institucional, o la sala Noble, testigo de grandes fiestas y celebraciones de la burguesía catalana de inicios del siglo XX, que todavía conserva su decoración neogótica.

T
Pasearse por el pomposo interior original de una mansión modernista sólo es posible en contados edificios. Uno de los mejor conservados es la Casa Navàs de Reus.
 
Flanqueando la plaza del Mercadal desde un chaflán, la casa tienda de la familia Navàs-Blasco es una de las obras más lujosas proyectadas por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner. La fachada del edificio se mantiene majestuosa pese a haber quedado dañada durante los bombardeos de la Guerra Civil. Sin embargo, el verdadero tesoro se encuentra en las estancias interiores que maravillarán a los amantes del Modernismo. La mejor muestra de artesanías se encuentra en cada rincón de la casa: vidrieras de colores, pinturas murales, cerámicas con motivos florales, tapicería de seda y mobiliario elaborado por los ebanistas más reconocidos del momento.
 
La suntuosidad del espacio da ya una idea sobre el poderío económico de sus propietarios, importantes comerciantes de tejidos, así como de la relevancia de Reus en la época, como segunda capital catalana.
El Castillo-Palacio de la Bisbal d’Empordà, una construcción que fue al mismo tiempo castillo, palacio y prisión, es uno de los pocos ejemplos de la arquitectura románica civil que se conservan en territorio catalán.

Situado en medio de la villa medieval, esta construcción fue, durante siglos, la residencia de los señores de la región, los obispos de Girona. Los eclesiásticos obtuvieron el control absoluto sobre la Bisbal (de aquí deriva el topónimo) gracias al rey Jaime I, que les otorgó la jurisdicción civil y criminal de la ciudad. El castillo se convirtió en la sede del poder espiritual y terrenal de sus señores. Desde su atalaya privilegiada en el centro de la villa, los obispos controlaban las tierras bañadas por el río Daró y también administraban justicia, de ahí la necesidad de una prisión.

Lo primero que llama la atención del castillo-palacio es su tamaño y monumentalidad. De planta rectangular, el edificio original románico ha sido modificado varias veces con estructuras de otros estilos (como la puerta y algunas ventanas renacentistas de la fachada). Como elementos característicos del románico encontramos ventanas adinteladas de medio punto en la fachada noreste y noroeste del castillo. En esta última, también podemos observar un basamento construido con losas inclinadas, que se conoce como opus spicatum, técnica muy utilizada durante la antigüedad y la primera Edad Media. Ya dentro del castillo, pasaremos por un corredor plenamente románico, cubierto por una bóveda de cuarto de círculo y, bajando la escalera encontraremos la célebre prisión del castillo, una sala rectangular cubierta con bóveda de medio punto.

Las puertas de las cinco salas del primer piso también están coronadas por estos arcos. Y si a bajo de todo tenemos la prisión, la parte más elevada es la que ocupa la capilla de San Miguel, también románica. El templo se encuentra dentro de un espacio rectangular que, visto desde fuera, es lo que más sobresale de todo el conjunto. De una sola nave la iglesia está cubierta por una bóveda de cañón ligeramente apuntada.

El Castillo-Palacio de la Bisbal d’Empordà forma parte de la escapada ‘Fin de semana románico: El Empordà’.




Autores de las fotografías: Toniher y PMRMaeyaert.
Escribanos, iluminadores y miniaturistas trabajan codo a codo en el escritorio del monasterio de Ripoll, uno de los centros de referencia cultural de la Europa medieval. Este célebre escritorio produjo numerosos manuscritos de gran calidad artística, sobre todo bajo el impulso del abad Oliba. Hechas en el primer cuarto del siglo XI, la Biblia de Ripoll y la Biblia de Rodes son las más ilustradas que nos han llegado del periodo del románico.

El monje Guifré (Wifredo) fue el único copista de las Biblias; el principal ilustrador era, tal como los historiadores lo han definido, “un dibujante de estilo impresionista”. Con un estilo muy diferente, encontramos el tercer monje que participa en la Biblia. Se identifica claramente gracias a una característica peculiar: tenía por costumbre hacer las caras redondas, un poco llenas y utilizaba herramientas como el compás y el tiralíneas para trazar circunferencias y líneas rectas.

La Biblia de Ripoll es un volumen de gran formato (550x370mm) que contiene 465 folios. Además de las Sagradas Escrituras, el códice incluye 210 prólogos, sumarios y otros textos introductorios, que hacen de la Biblia de Ripoll una especie de “gran enciclopedia ilustrada medieval”. La “fuente” de los textos es la escritura carolingia pura del monje Guifred, el único copista de esta obra. Las impresionantes miniaturas y dibujos que contiene le han dado renombre: encontramos 20 folios totalmente ilustrados con miniaturas que inspiraron la iconografía del célebre pórtico del monasterio.

Pero la de Ripoll no fue la única Biblia que salió del rico escritorio del monasterio. El primer cuarto del siglo XI fue prolífico y, en total, fueron tres los códices de este tipo que se elaboraron en Ripoll. Actualmente solo se conservan dos, ya que uno de ellos desapareció en el incendio del año 1835.
La Biblia de Ripoll fue copiada en el escritorio y trasladada a Marsella por los monjes del Monasterio de San Víctor cuando las dos abadías se unieron el año 1070. Finalmente, ya en el siglo XVII, el manuscrito fue a parar al Vaticano gracias a un sobrino del papa Pablo V, concretamente en la Biblioteca Apostólica Vaticana.

El tercer códice es lo que conocemos como Biblia de Rodes y fue un regalo del abad Oliba para el monasterio de Sant Pere de Rodes con motivo de la consagración de su iglesia monástica (1022). De ahí que se conozca con el nombre del monasterio ampurdanés, de donde fue robada en el siglo XVII por el mariscal francés Noailles durante el expolio del monasterio, y vendida posteriormente al rey Luis XV.

La Biblia de Rodes está escrita sobre vitela con lo que se conoce como escritura carolingia pura. Originalmente tenía un total de 566 folios que, ya en el siglo XVIII y en manos de los franceses, se dividieron en cuatro volúmenes. La riqueza artística de sus miniaturas es importante por sí misma pero, sobre todo, por la gran influencia que tuvo a la hora de inspirar la pintura y la escultura románicas. Los historiadores del arte dan por hecho que las ilustraciones de la Biblia inspiraron un fresco de la Crucifixión de Cristo recuperado en el claustro de Sant Pere de Rodes, algunos de sus capiteles historiados (hoy, en el Museo Nacional de la Edad Media de París) y escenas de la magnífica portada de Ripoll). Actualmente se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia.

En 2002 y 2007, unos mil años después de su edición original, los dos ejemplares se reeditaron en formato facsímil.